Zorros del desierto (y III) – por CHEMA BASTOS

El camino transcurre a la vera del Oued Drass, en un paisaje cada vez más desértico y entre pueblos de adobe y palmeras.

Fabada 10En un momento dado decido parar bajo un árbol y tener una experiencia mística: comernos una fabada en medio del desierto. Sacamos la mesa y las sillas y nos plimplamos dos kilos de Litoral en un momentito. Mientras hacemos la digestión medio adormilados empezamos a oír una dulce voz que canta en árabe, y que proviene de lo alto. Cuando ya nos disponemos a postrarnos con el culo en pompa y dirección a la Meca, para pedir perdón por nuestro descreimiento, de la última rama del árbol se baja un niño muerto de risa, al que se unen otros rapaces.

Y es que el desierto no está desierto, ni mucho menos. Uno se tumba bajo la más recóndita palmera del culo del mundo, y cuando abre un ojo siempre aparecen tras una duna dos o tres cabecitas de niños, que se declaran aficionados del Madrid o del Barça.

Siesta niños 11

El resto del trayecto quedará condicionado por la fabada.

Y por fin llegamos a nuestro destino, M’Hamidi, la auténtica puerta del desierto. En la última casa del último metro asfaltado de carretera, hay un lugar especial, el Café Sophie, que se compone de dos pequeñas jaimas de palmeras. Allí nos alojamos y disfrutamos de la hospitalidad de otro Sujeto Polivalente, que nos ofrece un Tea In The Sahara, sentados a la última luz del día mientras vemos cruzar las cuerdas de dromedarios y salir la luna.

Desierto 12

Por la noche mi hermano se empeña en dejar abierta una de las ventanas de la caravana, para sentir el viento del desierto, y lo que ocurre es que se levanta lo que parece una Tormenta de Arena, y nos despertamos con la Gran Duna Occidental en nuestras orejas. El tuareg luego nos explica que la tormenta no llega ni a Sirimiri de Arena.

Tormenta 13

Volvemos por la estrecha carretera, parando para llevar en la caravana a los esperan en la cuneta, porque en el desierto se ha formado una especie de línea regular de trasporte no público, pero sí Niño escuela 14comunitario. Los niños van al colegio andando, en grupos cogidos de la mano, en bicicleta o en burro de tres en tres, en tractor, en carro o en la caravana de unos guiris, flipando con todo. Siempre están contentos, y hacen sus deberes en la puerta de las casas de barro, o en la cuneta, tapándose la cara para protegerse del viento y el polvo, con su letra árabe pequeña y minuciosa. Siempre hay niños circulando, a cualquier hora del día, por lo que uno se pregunta si no será que los alumnos del sur están siempre saliendo de clase o entrando en el aula, pero nunca dentro de la escuela.

Ese día, en una etapa agotadora, cruzamos todo el centro del país, atravesando los paisajes lunares que llevan hasta Errachidia, y los dos Atlas, hasta Fez. En el mismo día pasamos del desierto a Asturias, pasando por castilla en primavera y Almería en agosto. Alucinante.

Fusión

Al llegar a Fez, ya de noche, nuestro instinto nos conduce directamente, sin necesidad de guía, al Polivalente de la Medina, en donde dormimos por un precio razonable al pie de la muralla. Por la mañana entramos en la Ciudad Vieja, y a su puerta un joven que se llama Yousseff nos comunica que ha decidido ser nuestro guía por Fez. Como estamos convencidos de que lo que nosotros queramos no va a tener la menor importancia, pactamos un precio –razonable – y nos dejamos guiar. Desayunamos una mezcla de donuts y churros que venden por la calle y nos adentramos en los barrios judíos y árabes. Vemos los distintos Palacios del Rey Mohamed, y Yousseff nos enseña la discreta puerta que usaban los monarcas para salir “ a ligar” (sic). En todos los establecimientos públicos de Marruecos hay una foto del rey en la que figura realizando la actividad que en ese local se lleva a cabo: tomando un zumo en los bares, afeitándose en las barberías…etc. Me pregunto si los prostíbulos de Rabat seguirán esta costumbre.

Ciudad 18Por la tarde salimos zumbando hacia Tánger, cruzando el Rif, y al llegar a la frontera tenemos ocasión de comprobar cómo el aspecto que hemos adquirido nos convierte en sujetos sospechosos. Nos pasan por el escáner, nos miran la caravana, y tardamos un montón en salir. El último Policía abre nuestros pasaportes pero no mira las fotos, sino que dirige su mirada al horizonte, por donde pasa una chica que según él es “mon bella”.

Al llegar a Tarifa, y decirle al Guardia Civil que la caravana es alquilada, observa nuestro aspecto y nos ordena esperar a un lado de la carretera, para hacer un control. Por delante de nosotros pasan sin problemas un montón de hippies, y al lado de la valla de la aduana, en un inmenso botellón, centenares de jóvenes queman haschís sin mayor problema, pero nosotros debemos aguardar un montón de tiempo, que aprovechamos para cenar. Todo un monumento a lo absurdo de la ilegalización del cannabis.

Finalmente intento convencer al Guardia Civil de que no nos haga un registro, porque temo que nos pueda tener toda la noche cacheando un espacio en el que flotan como ectoplasmas calcetines sudados entre cordilleras de gayumbos. Apelo a mi condición de funcionario público, y el agente, que es un buen tipo, me dice que no puede fiarse de nadie, porque no hace ni un mes que le incautó diez kilos de costo… a un sargento de la Benemérita. Sea porque al Guardia Civil le disuadió el caos de la autocaravana, sea porque su fino olfato policial le permitió husmear, tras el temible aspecto de hombres duros del desierto, nuestra autentica naturaleza de pringaos, lo cierto es que no dejó marchar, no sin preguntarnos antes si llevábamos haschís, y fijarse bien a ver si cruzábamos los dedos por detrás de la espalda.

Y a las seis de la mañana paramos en un olivar de Jaén a dormir, y al día siguiente llegamos sanos y salvos a Madrid.

Ninguna aventura, como veis, y es que me temo que una ventura en esos parajes puede que no tengas ocasión de contarla. Pero hemos visto un país grande y hermoso, de paisaje duro y sobrecogedor, cuya población sobrelleva una vida también muy dura con una receta que merece la pena traerse a casa: mucha alegría y mucha dignidad.

Escenas 17

Chema Bastos

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2 comments

  1. Acabo de terminar de leer la tercera entrega de “Tres en la carretera” o mejor dijo por el desierto. Las he leído de un tirón.
    Parece que estés en vivo y en directo contando tus peripecias. Me lo he pasado pipa Chemica!!!

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