Y se fue, por LOLA SÁNCHEZ LÁZARO #EspañaenRetales

Ya retirado en Yuste, Carlos V dejó volar su memoria a un tiempo lejano, al momento en el que conoció a su hermana pequeña.

Recordaba Tordesillas, el palacio a orillas del Duero, su madre a la que arrebataron todo, aunque prefería no pensar en ello, y Catalina. Aún podía ver a aquella niña vestida con un sencillo jubón, una chaquetilla de cuero, con un pañuelo anudado a la cabeza. Detuvo sus pensamientos en ese instante, la miró y observó.  Vestida como una aldeana, siempre pegada a las faldas de su madre, protegiendo su mayor tesoro, encerrada entre esos muros, sin contacto con el mundo exterior, relegada y olvidada, vivió sus primeros años. Su habitación, a la que sólo se accedía por la cámara de la madre, era su mundo. Un pequeño hueco abierto en la pared era su distracción; veía a las gentes en su ir y venir, a los niños jugando a escasos metros de ella, a los que lanzaba alguna moneda de plata con la esperanza de volverlos a ver.

Y fue entonces cuando decidió cambiar su futuro,  la sacaría de allí. Con la connivencia de la pequeña pero con una condición: si su madre se desesperaba, ella volvería.

Fueron dadas las órdenes, un boquete se abrió en el muro interior de su habitación. La noche fue el aliado, la reina no sospechó. Y con el agravante del engaño, salió Catalina hacia Valladolid, lugar donde su hermano había instalado la corte.

“¡Me han robado a mi hija!”

Fueron sus palabras que, recubiertas de un sabor amargo y ácido, quemaban sus entrañas.

Catalina se fue. Y volvió. No la abandonó. Aún no.

 

españa retales 7 Don Carlos, Bernard von Orley, 1516. Museo Municipal de Bourg-en-Bresse
Don Carlos, Bernard von Orley, 1516. Museo Municipal de Bourg-en-Bresse

Lola Sánchez Lázaro

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