Willie Nile – “American Ride”

El rock ha dejado de ser una música de masas, y lo que es peor, ha dejado de formar parte del ADN de la juventud. Por desgracia, y al igual que le ocurrió al jazz en su momento, es un genero que ha sido abandonado por el gran público y acotado, paradójicamente dados sus orígenes populares, a los gustos de una selecta minoría culta.

 La reciente muerte de Lou Reed pone en evidencia que, al contrario de lo que se pensaba, los viejos rockeros sí que se mueren, y que además cada vez van quedando menos. Por suerte, aún disfrutamos de francotiradores como Willie Nile con sus 35 años de carrera a la espalda y al que todavía le quedan un puñado de balas con las que acertarnos en pleno corazón. Y esto es lo que ha conseguido con su último lanzamiento, American Ride, su octavo disco de estudio.

 Cuando estás escuchando una canción mientras planchas la ropa y te descubres a ti mismo bailoteando dando saltos como un teleñeco  (vale, desde el vídeo de Queen I Want To Break Free, la asociación tareas domésticas/rock tiene connotaciones inquietantes o cuando menos pintorescas), comprendes que eso que llamábamos los viejos genéricamente “rocanrol”, y que ahora es despreciado y relegado como algo para los puretas, es la música más positiva y genial que se ha compuesto jamás. Es un hechizo, es vudú, es magia negra que te posee, o como le dijo este verano a mi hermano Johnny Cifuentes, líder del mítico grupo madrileño Burning: “¡es el puto rocanrol, tronco!”.

 Nile, al igual que otras figuras legendarias de segunda fila (es decir, que no son conocidas por el gran público) que ya no cumplirán los 50, como es el caso de Elliott Murphy, mantiene encendida la llama del rock auténtico (un término que en las revistas especializadas de los ochenta daba lugar a amplia discusión y controversia), basado en la sinceridad y en la calidad, sin engaños ni artificios. Son los viejos guardianes de la energía y la  pasión en estado puro.

 Y no es un discurso baladí el que encierran sus acordes. El veterano rockero ha definido su última obra como un conjunto de “canciones sobre los derechos del hombre, canciones sobre la libertad, canciones sobre el amor y el odio, canciones sobre la pérdida, canciones sobre Dios y la ausencia de Dios, y canciones sobre luchar por tus semejantes”. Es decir, rock de singer/songwriter, un término que en Estados Unidos se asocia con gente como Springsteen o Jackson Browne, y cuya traducción española, “cantautor”, nos remite a José Luis Perales o Víctor Manuel. Lost in translation o paradojas del idioma…

 Para os hagáis a la idea de lo bueno que es American Ride, si me hubiera puesto a escuchar el primer tema en los auriculares que suele habilitar la FNAC para invitarte a conocer novedades discográficas, me lo hubiera comprado directamente sin esperarme a ver cómo sonaba el resto . En efecto, This Is Our Time que abre el CD es, para decirlo en el lenguaje pedante y pomposo del mundo de la empresa, un resumen ejecutivo de todo ese espíritu de rock maravilloso que destilan el resto de las pistas.

 Nuestro hombre es capaz de tocar los distintos palos del rock americano, algo que recuerda al gran Tom Petty, y puede pasar del los ritmos beat más directos que jalonan los dos primeros temas, a la cadencia y el punteo de guitarra country de American Ride, el tema que da nombre al disco.

 No faltan los tiempos medios en forma de dulce declaración de amor como She´s Got My Heart, que en la que la voz rasgada de Nile alcanza la mayor profundidad y sentimiento, y que remite a aquella otra maravillosa balada del disco Beautiful Wreck of The World del año 2004 que se titulaba The Man Who Used To Be. El contrapunto melancólico lo completa el onceavo corte The Crossing una bella melodía interpretada en modo minimalista con sólo la voz y el piano.

 Resulta igualmente atractiva la pegadiza y saltarina God Laughs y también destaca el sugerente ritmo rockabilly con visos de swing de Say Hey. Willie Nile más que neoyorquino de nacimiento es un militante de su ciudad, por lo que no podía faltar un tema en el disco dedicado a ella: Sunrise In New York City.

 Es curiosa la inclusión entre los temas del CD de una versión de People Who Died del escritor y músico punk Jim Carroll, cuya obra The Basketball Diaries fue llevada al cine en 1995, con Leonardo DiCaprio interpretando al propio Carroll. A pesar de lo aparentemente alegre del ritmo, la letra de la canción recuerda a todos los amigos del autor que fallecieron por culpa de la drogadicción.

 El cierre nos ofrece una faceta adicional de Nile, la relacionada con el folk, pues There’s No Place Like Home es una pieza montaraz y hillbilly que huele a heno y a espliego en todos sus compases. Esta afición a los sonidos más tradicionales quizá tenga que ver con el hecho de que nuestro hombre procede de una familia irlandesa.

 Resumiendo, este disco es una pequeña joya que demuestra que tanto el rock´n´roll como Willie Nile siguen en plena forma. Y yo espero que así sea por muchos años.

Pablo Rodríguez Canfranc

Pablo Rodríguez Canfranc Ha publicado 792 entradas.

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