Walt Whitman y la Primera República Española

No es una de sus obras conocidas, pero el gran poeta americano Walt Whitman le dedicó unos versos a la Primera República Española. En efecto, el autor de Hojas de Hierba y del Canto a Mí Mismo reflejó su esperanza en el brevísimo periodo republicano español a  través del poema España 1873-74.

La historia de nuestro país sufre una etapa de cambios acelerados a partir de 1868, en el momento en que la revolución denominada La Gloriosa expulsa al exilio a Isabel II de Borbón. Es una época de tensión política e intrigas que trae consigo una fugaz monarquía alternativa en la figura del rey italiano Amadeo de Saboya y la posterior proclamación de la Primera República, cuya justificación defiende el político Emilio Castelar con las siguientes palabras:

“Señores, con Fernando VII murió la monarquía tradicional; con la fuga de Isabel II, la monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra Patria”.

En el tímido ejercicio republicano español se suceden los gobiernos y los problemas en escaso tiempo: a pesar de los periodos de mandatos liberales que conoce la nación desde la proclamación de la Constitución de 1812, el peso de siglos de monarquía absolutista no permite que una España progresista levante el vuelo. El esfuerzo libertario lo contempló con inquietud Walt Whitman desde la otra orilla del Atlántico.

Whitman, aparte de poeta, es a veces considerado como un profeta y vate. Sin embargo,  más que prever el futuro, tenía una innata habilidad para reflejar las tendencias que se manifestaban a su alrededor en un país, los Estados Unidos de América, que nacía como tal y cobraba forma en su época. Robert Louis Stevenson define su potencial visionario de esta manera (Familiar Studies of Men and Books, 1882): “Whether he may greatly influence the future or not, he is a notable symptom of the present (Puede o no tener una gran influencia sobre el futuro, es un síntoma notable del presente).”

 No podía Walt Whitman dejar de lado la curiosidad por todos los fenómenos que tenían lugar en el Nuevo Mundo, tan distinto de las naciones viejas europeas. Recordemos que antes incluso que la Revolución Francesa tuvo lugar en 1776 la independencia de los EE.UU., lo que supone la primera grieta en el orden del Antiguo Régimen.

Es por ello que el poeta de Long Island contempla con ilusión y esperanza, casi se podría decir que con ternura, la llegada de un nuevo orden político a España que parecía que iba a acabar con siglos de represión y oscurantismo. Por desgracia sabemos que no fue así…

El poema España, 1873-74 (Spain, 1973-74) pertenece a la edición de 1881 de su obra cumbre Hojas de Hierba, y más en concreto, al conjunto de 22 poemas titulado Del mediodía a la noche estrellada (From Noon to Starry Night). El propio título -noche-día, oscuridad-luz-, sugiere la dicotomía de fuerzas opuestas que impregnan la temática de los versos. Elementos contrarios que chocan entre sí,  pero que guardan una correlación, un denominador común.

Varios poemas de la serie tratan los opuestos en el campo de la política. Pensamientos (Thoughts), Abigarrada enseña (Thick-Springled Bunting) y el que nos ocupa, España, 1873-74 (Spain, 1973-74), yuxtaponen el orden feudal del viejo mundo frente al ideal de la democracia. En el caso de España, Whitman se congratula de que en la madre patria los rasgos frescos y relucientes de la libertad asoman”. La historia demostró que todavía quedaba mucho para ese momento.

ESPAÑA 1873-74

Saliendo de la lóbrega sombra como de espesas nubes,

de los naufragios del feudalismo y de los hacinados esqueletos de los reyes;

saliendo de los viejos escombros europeos, de las aplastadas mascaradas,

de las catedrales en ruinas, de los palacios deshechos y de las tumbas de los sacerdotes,

he aquí que los rasgos frescos y relucientes de la libertad asoman.

La misma faz inmortal mira al frente

(es como un atisbo del rostro de tu madre, América;

un destello significativo, como el de una espada;

y hacia ti va dirigido).

No creas que te olvidamos, ser maternal.

¿Te abandonaste durante mucho tiempo? ¿Volverán a cerrarse las nubes sobre ti?

Ah, tú misma ahora te nos apareces y te reconocemos.

Una prueba segura nos has dado: el atisbo de ti misma.

Esperabas allá, como por doquier, tu hora.

Pablo Rodríguez Canfranc

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