Vorágine – por JAVIER PECES

La vorágine se parece a la cabalgadura sobre cuadrúpedo: Tropieza él pero caes tú. Pueden variar las circunstancias pero lo esencial permanece. El camino, la piedra, el traspié del animal, el jinete que sale despedido por encima de las orejas del asno y el costalazo contra el duro suelo. Hoy una vez, mañana otra. Tantas incidencias como tránsitos por ese infausto lugar comúnmente llamado “circunstancias de la vida”.

Por eso es importante bajarse del burro cuando la existencia se pone persistente. Se pierde un poco de tiempo, es verdad, pero se gana mucha perspectiva. Se descubre el pedrusco oculto tras ese badén del sendero y se ponen, de este modo, los medios adecuados para evitar el siguiente batacazo.

El verano parece buen momento para hacer parada y fonda, aunque el caso particular de quien escribe no confirma en absoluto tal extremo. En teoría tendría que escasear la actividad laboral, disminuir el ritmo cardíaco de los cansinos de siempre y reducirse el número de peticiones absurdas por metro cuadrado. En la práctica, si cometes el error de estar localizable eres pasto de las llamas del estío.

Pero ¡oh, miseria y a la vez fortuna! Por una vez, y sin que sirva de precedente, las circunstancias imponen un cierto nivel de incomunicación. O, al menos, la obligación de usar de forma cicatera la conexión disponible. Siendo de precio tasado en función del tráfico medido, cualquier exceso dejará un desagradable recuerdo en las maltrechas finanzas personales. A tanto el mega, tanto por tanto es igual a cuanto, impuestos aparte, sírvase abonar. La letra pequeña, amigo Sancho, hay que leer la letra pequeña.

Así pues, por periodo limitado, menos interacción y más introspección.

Más tiempo para pensar en las personas y suscribirlas a grupos imaginarios: Las que te quieren, las que te toleran, las que te utilizan, las que te encuentran patético, las que no tienen más remedio que aguantarte, las que desaparecieron por dejadez, por aburrimiento, porque ya no tenían nada en común contigo, porque se secó tu otrora florida cuenta bancaria o porque tu natural gracejo se tornó mustio a fuerza de tanto fracasar.

Y, como no, las que asoman fugazmente después de unos tragos del cóctel fatal. Ingredientes: Un chorrito de desesperación por la soledad y los recuerdos. Una jartá de la calor de Andalucía. Una buena cantidad de desinhibición, supuestamente debida al abuso de aguardientes destilados en las heladas estepas siberianas. Complétese hasta el borde con hielo picado y refresco al gusto. Marcas blancas bienvenidas. Agítese con delicadeza, sin remover.

Más tiempo para recuperar circunstancias y catalogarlas, de forma que el error sea evidente y la manera de corregirlo también. Esto es crucial de necesidad si no queda más remedio que emprender un viaje parecido a los que hiciste en el pasado. Lo natural sería, salvo profundos cambios por tu parte y por la del ministerio de fomento u otras entidades competentes, que el camino volviera a torcerse como viene siendo habitual.

Más tiempo para examinar las cosas. Para darte cuenta, mucho mejor si es antes de adquirirlas, de que no son lo que parecen en la publicidad y de que no necesitas cargar con tantas zarandajas. Sobre todo si pesan mucho para lo que aportan y te mudas a un cuarto piso sin ascensor.

Tiempo y determinación, si quieres, para subir a los mismos burros, transitar por los mismos pagos, tropezar con las mismas piedras e incluso caer de bruces a las mismas cunetas. Pero haciéndolo conscientemente y con la debida protección. Que no se pueda echar la culpa a la vorágine.

POAZ BUCEADOR

Javier Peces

Javier Peces Ha publicado 35 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *