Viajes y sueños – por PILAR RUBIO

¿Qué es lo que buscamos en un viaje? ¿Diferentes paisajes, personas, comidas?, ¿diferentes culturas? Quizá la clave está en la palabra diferentes. Encontramos tiempos diferentes, charlas y convivencias diferentes. Si viajamos en grupo, formas de coordinarnos y de hacer planes diferentes también. ¿Supone esto qué estamos aburridos de nuestra vida cotidiana? ¿Intentamos una ilusión de libertad? ¿Es esto el ocio, soñar que somos libres de trabajos, entornos y dineros? Aunque sea por unos días.

Encontramos personas que nunca más veremos. Lo sabemos. Pero actuamos como si se fueran a incorporar a nuestras vidas. Cambiamos opiniones, confidencias. Nos despedimos asegurando, aún sabiendo que no es cierto, que nos volveremos a encontrar.

Soñamos una vida distinta de nosotros. Nosotros siendo otros.

Quiero contar un viaje como todos, distinto a los demás.

Y no sé qué contar. Así que empezaré por lo de siempre. Trayectos y ciudades. Aunque a mí lo que me gusta describir son las personas.

ETAPA 1: Madrid-San Sebastián-Burdeos

Es mi bautismo en economía colaborativa, como pomposamente llamamos a Blablacar y otros sistemas de viajar intentando sacar algo de pasta de la forma menos reglada posible. No queremos pensar lo que hay detrás. Empresa como todas. Disfrazada de algo en la era de Internet.

Llevamos a una chica, veintitantos. Como la mayoría de su generación, más libre que nosotros, adultos en los últimos años de otro siglo. Más ingenua también. Maja se dice siempre en estos casos. Y lo es. Realmente lo es. Educada e inteligente, comparte con nosotros un trozo de su vida. Como todas las vidas, debajo en este caso de clichés de millenials, tiene algo original, que no hemos visto antes. Y aprendemos.

Contemplo dedicarme a blablacar sólo por los relatos que te ofrece.

Personas.

Siempre las personas.

Desde San Sebastián estamos solos. El trío viajero raro. Madre con hijo de 27 e hija de 19. No encontraremos un grupo similar en todo el viaje. Veremos parejas, grupos de parejas, familias con hijos, a veces con abuelos. Gente viajando sola, grupos de amigos, padres varones llevando hijos pequeños. Madre con 2 hijos adultos, eso no. Llamaremos la atención donde vayamos. Mediterráneamente matriarcales.

Burdeos no es un polígono industrial, aunque los tenga. Burdeos, como todas las ciudades europeas, se arregló para recibir turistas. Tiene muchos que se esparcen por sus calles, por sus plazas repletas de terrazas. Por la noche se sientan en el muelle y cuentan cosas. En las mañanas de agosto, se dejan regar entusiasmados por chorritos que salen del subsuelo, enfrente de La Bolsa.

Sus iglesias antiguas, preciosamente góticas, dejan entrar a perros pequeñajos.

Un vino omnipresente.

 

Pilar Rubio

Pilar Rubio Ha publicado 58 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *