“Verano 1993” – por FERNANDO REVIRIEGO #cine #crítica

“Verano 1993”, premiada en la Berlinale de este año, acaba de ser preseleccionada (junto con “Abracadabra” y “Los últimos de Filipinas”) para representar a España en la categoría de películas de habla no inglesa. En septiembre sabremos si pasa este segundo casting y más tarde si llega a ser seleccionada entre las cinco finalistas. Aunque no fuera así, lo cierto es que estamos ante una magnífica película que no debemos perdernos. Una película dirigida por Carla Simon, autora también de este guion autobiográfico, en que nos relata su verano de 1993, cuando ella tenía apenas seis años y murió su madre a causa del Sida.

Los veranos de la infancia son largos y mágicos. Deben serlo. Infancias felices que transcurren entre juegos y risas, y en los que la perspectiva del paso del tiempo no se acierta a vislumbrar. El mundo es un juego y vivir algo mágico. Pero a veces de los cuentos de hadas y elfos se pasa sin transición a los de brujas y brujos donde la muerte se nos hace presente. Primero la del padre (cuando Carla –en la película una estupenda Laia Artigas- apenas tenía tres años), después la de la madre (ya con seis). A mis padres (Elvira Lindo en un comentario reciente se preguntaba si a los que murieron o a los adoptivos –sus tíos-), reza la dedicatoria final de esta maravillosa película de corte intimista que pese a este espaldarazo de la academia es probable que no se estrene en muchas salas salvo que llegue a esa selección definitiva de los Oscar. Y eso, aunque la niña, antes y después de sus lágrimas finales, que la rescataran nuevamente a la vida, nos parece mil veces más valiente que “Superwoman”, también ahora en cartelera.

 

Fernando Reviriego

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