Venganza – por RAFAEL DE LA TORRE

La abuela entró como un ciclón en el cuarto que compartimos mi hermano Lucas y yo, me besó con fuerza y estruendo, miró  alrededor y le  dijo a mamá que observaba desde la puerta:

— Elena, no sé cómo pueden vivir en un cuarto tan desordenado.

Mamá sonrió indulgente —creo que se dice así— y yo abracé a Pitutu, un hipopótamo de peluche que siempre ha vivido conmigo. La abuela continuó con su crítica:

— Y ese muñeco debería pasar por la lavadora.

— No le gusta el agua — respondí molesta con esa actitud de la abuela de meterse donde nadie la llama.

— Te compraré otro, Micaela— contestó como ya había dicho millones de veces — eso es una fuente de virus, seguro que te ha contagiado algo y por su culpa no has ido hoy al colegio.

No sé si fue la abuela o no, pero unos días después, cuando regresamos Lucas y yo de la escuela, Pitutu había desaparecido. En su lugar, encima de mi cama, encontré un muñeco horrible de colores chillones, de esos que los Reyes Magos dejan en casa de la abuela y yo escondo en la mía.

Desde entonces no he parado de llorar, hasta el punto de que ha venido la policía a investigar en casa. Mis papás no quieren decirme nada para que no preocupe pero  nadie sabe dónde está la abuela.

 

Pitutu

Rafael de la Torre

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