Vencejos blancos en la noche, por ALISA DE TREVI – #historias #continuación

Te miro, desde el otro lado/ te miro; te siento pronunciar mi nombre, regar con tus lágrimas la que fue mi almohada; y si extiendo la mano que ya no tengo/ te acariciaría los hombros, el pecho; cómo desearía tener mi mano/ para acariciarte los labios, el pelo. Tu dolor es… mi dolor.

Y es entonces cuando cargo esta bicicleta roja y blanca, y me subo a ella, y recorro contigo las calles, llenas de gente, desiertas, no pueden verme, soy inmortal, transparente; y siento la brisa donde antes tenía los ojos aguamarina, y giro la cabeza, esperando encontrar mi melena, como una bandada de vencejos al viento; pero sólo hay eso: viento.

Paseo sin rumbo bajo los astros artificiales, los semáforos ya no cerrarán mis radios, los coches ya no truncarán mi paso, y sobre pieles de cebras muertas es que dibujo grisallas, sendas seguras, para los que como yo volaban en bicicleta; aquí en medio/ en el viento, somos legión. Y como pájaros de la noche, miramos al cielo, rastreando nuestras estrellas; y quiero volar hacia ellas, hacia donde nacían nuestros sueños, tumbados en la arena… Y pedaleo con más fuerza, y los edificios comienzan a desvanecerse, y las luces a mezclarse, y los colores se reencuentran en el negro y, la paz llega a mí; y las ruedas blancas se deshacen del asfalto, y vuelo, al fin vuelo y… oigo tu voz, llenándome en mitad de la noche, y freno, y dejo de pedalear, y aparco en esta esquina, sentándome en la acera, entre tus corazones, escuchando tu voz, tu lamento, y siento que ya no quiero volar, te recuerdo, te llevo muy adentro.

Tu dolor es mi dolor. Y si ya no puedo tenerte, al menos nos quedará esta esquina, donde me arrancaron de tu lado, donde siempre nos quedará enero y marzo, cuando vienes a verme; me quedaré aquí sentada, donde tengo esta segunda bicicleta, roja y blanca, que me regalas; me quedaré aquí tumbada, sobre los corazones blancos que por mí sangras, cubriendo así mi sangre derramada; me quedaré aquí, en la noche, en el viento, a tu lado, invisible, calentándome las manos junto a esta vela apagada, oliendo las rosas que ya no tienen para mí su perfume; me quedaré aquí, anclada a este poste, intentando comunicarme contigo, para decirte:

Lo siento. Siento haber volado mientras estaba pedaleando en aquella noche de invierno, siento no haber ido con más cuidado con tu precioso regalo, siento no haber mirado, como mi madre decía, a cada lado, siento no haber anclado más mis raíces, a esa calle, a este mundo, el que tenía contigo… Tal vez, si en vez de estar en ti pensando, en las nubes, hubiera mantenido mis pies sobre el asfalto, hubiera visto su velocidad, sus faros, y hubiera a tiempo frenado. Perdóname. Aquí, en el que era mi cuerpo, lo siento: tu dolor es mi dolor.

Te quiero mi Duke, vive, sueña, ríe, se feliz, si tú eres feliz, aquí donde estoy, también yo lo soy; vive, sueña, ríe, se feliz, si tú eres feliz, podré volar a donde voy. Al otro lado nos vemos, seguro, aquí te espero, en mitad del firmamento.

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Alisa De Trevi

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