Una lectura bastante difícil – por IGNACIO ÁLVAREZ #libro #reseña

Escribo estas líneas escuchando la entrevista que le están haciendo a la autora del libro que nos trae hoy aquí: Cristina Morales. El libro, “Lectura fácil”. La editorial: Anagrama. El año, 2018. La entrevista discurre en la Cadena Ser, más en concreto en el Programa A vivir que son dos días, dirigido por Javier del Pino. Tiene un discurso claro: contra todo y contra todos, y de ahí que cada uno saque sus conclusiones. Ácrata es la palabra que emplean alguna vez. Es una buena palabra para defender la visión de la novela. Otros dicen que es una de las voces de “La Generación”, esa nacida en los ochenta y noventa y a cuya cabeza están mujeres preocupadas especialmente por la voz desde el género. Así lo defendía el 6 de enero de 2019 Antonio J. Rodríguez aquí: https://elpais.com/cultura/2019/01/05/actualidad/1546709440_938179.html. Y así lo entendía, un día más tarde, Carlos Pardo, quien decía en Babelia -es decir, en el mismo periódico- que estábamos ante “un hito de la novela reciente en español”, aquí: https://elpais.com/cultura/2019/01/07/babelia/1546853373_416183.html).

La autora dice en la entrevista que una editorial diferente tenía el compromiso de publicar la novela, pero finalmente se echó para atrás (ella habla de censura y de consecuencias legales en caso de que siga hablando de ello). La presentó a un premio que, por supuesto, no esperaba ganar; porque ya se sabe que en España todos los Premios Literarios están dados de antemano (del Herralde se dice en el mundillo literario que es de lo más potable y de lo menos contaminado que hay) y que suelen ser empleados por las editoriales para dar a conocer a los autores que estiman oportuno. Lo explican en un par de textos recientes, sin tapujos ni subterfugios, tanto José Ángel Mañas (https://www.jotdown.es/2019/01/jose-angel-manas-cuando-tuve-exito-me-fui-y-cuando-volvi-ya-se-habia-acabado/) como Alberto Olmos (https://blogs.elconfidencial.com/cultura/mala-fama/2018-11-21/premio-cervantes-ida-vitale-rachel-cusk-prestigio_1656886/). A lo que iba: Cristina Morales ganó finalmente el Herralde de Novela y así es como hemos tenido el gusto de ver la obra en las estanterías de las principales librerías del país, Fnac, Casa del Libro y Corte Inglés mediante. La propia autora no es ninguna insensata ni da muestras de habitar Júpiter: como ella ha dicho hace poquitos días, “un libro es un producto capitalista como lo es una Coca-Cola” (https://barcelonasecreta.com/cristina-morales/).

La entrevista ha acabado. Y eso me deja pensando. Desde luego que estamos ante una autora que tiene algo, algo diferente. Empuje. Fuerza. Rabia. Dolor. Mala ostia. Ganas de dar puñetazos. Un cursi diría que tiene “voz propia” pero creo que no soy un cursi ni tampoco sé qué es tener una voz propia. No sé de libros. No sé de literatura. Sólo sé que me gusta leer. Desafortunadamente, no esta novela. Y eso que quería que me gustara. Iba predispuesto. No hubo forma.

¿De qué trata la novela? No sabría decir con exactitud, más allá de tener más o menos claro que cuenta las historias entrecruzadas de cuatro mujeres, parientes todas ellas, con diferentes grados de discapacidad intelectual, desde una furibunda crítica contra casi todo. Crítica con la “institucionalización” de las personas con discapacidad. Crítica con la democracia. Crítica respecto de la imposición de normas, autoridades, leyes e instituciones varias, vengan de donde vengan (la crítica dentro de la crítica que realiza al ambiente de una okupa barcelonesa es de lo mejor de la novela). Crítica con la izquierda. Con todas las izquierdas. Crítica, por supuesto, con las derechas (si es que no es todo derecha, a juzgar por los efluvios que emanan del subtexto de la novela). Crítica con el puritanismo de moral, de costumbre y con el sexual. Crítica con la literatura. Crítica con el mundo rural. Crítica con el mundo urbano.

La novela, claro está, es rabiosamente posmoderna. Una mezcla de estilos por momentos mareante que contiene, vaya cosas, una novela dentro de la novela. Incluso un fanzine dentro de la novela. Inevitablemente foucaltiana (ya saben: todo es poder, ergo todo es dominantes-dominados, ergo el Estado no deja de disciplinarnos bajo diversas técnicas, especialmente mediante el modelo de “machos-fachos-neoliberales”, que en diversos pasajes “es todo uno”, tan bien ejemplificado a través de ese ejército de jueces y juezas, psicólogos y psicólogas, psiquiatras, pisos tutelados, residencias urbanas y rurales y un amplio etcétera). Y profundamente feminista, o eso se vislumbra al elegir cuatro voces femeninas bastante contraculturales. Aunque es de justicia reconocer que no es menor la sátira de ese feminismo encarnado por “cuperas trabajadoras sociales” y por psicólogas y juezas que, al aplicar las normas del enemigo, se convierten en correas de transmisión del nefando virus.

Mi visión sobre la novela es que no tengo apenas visión, más allá de lo dicho hasta aquí. Luché a brazo partido para intentar entrar y permanecer dentro de ese mundo y sentirme interpelado por lo que en él sucede. No lo conseguí. Y quizá ese sea el efecto buscado y por tanto, no sin paradoja, el éxito del libro. Luché para llegar hasta el final. Tampoco lo conseguí (pasé a duras penas de la mitad y eso me apenó, la verdad, aunque tampoco sé decir por qué). Me divirtió moderadamente el fanzine introducido a la mitad del libro, aunque ese recurso más o menos velado de que el personaje satirice a Pablo Pineda, conocida persona con Síndrome de Down, con iniciales que siempre son P y P me dejó pensando…bastante poco, la verdad, porque se antoja clara la identificación con el valor “del partido dominante” por excelencia.

Pero como ya nos han dicho que la autora “dará mucho que hablar”, yo me limito a dejarlo aquí con una pregunta: ¿La han leído? ¿Qué les ha parecido? ¿Cómo han conseguido conectar con esta novela? ¿Soy un incurable macho-facho-neoliberal? ¿Qué me pasa, doctor?

 

Ignacio Álvarez

Ignacio Álvarez Ha publicado 6 entradas.

Profesor de Derecho Constitucional en Universidad Complutense de Madrid. Sus principales líneas de investigación se centran en la igualdad de género y no discriminación, el feminismo, la democracia paritaria, y la representación política. Intenta aprender todos los días algo, lo cual sus alumnos suelen agradecer mucho (y algunos de sus compañeros, también).

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