Una iniciativa de Antonio Perales – por PEDRO PABLO MIRALLES

Se puso el hábito del que nunca se supo la orden religiosa a la que pertenecía pero que desde hacía décadas estuvo arrumbado en el baúl de la casa de sus abuelos, era domingo. Cuando las campanas de la parroquia comenzaron a repicar las doce del mediodía llamando a la santa misa, Antonio Perales entró en la iglesia y tomó asiento en uno de los bancos más próximos al altar junto al lazo izquierdo del pasillo central. Terminada la lectura del evangelio por una feligresa asidua a las actividades parroquiales y sin esperar a que el párroco iniciara sus pasos hacia el atril que tenía enfrente para exponer la homilía que preparo la tarde del sábado, Antonio Perales se levantó y con solemnidad subió los tres peldaños que subían hacia el altar, ajustó el micrófono a su altura y con su mirada fija en el párroco, que quedó de pie y atónito ante la situación, dijo: “con su permiso o sin él”. En la iglesia se escuchó que los asistentes decían, “¡pero si es Antonio Perales, el de la María!”.

Acto seguido dirigió la mirada a los feligreses y sin levantar el tono de la voz les dirigió las siguientes palabras: “pienso que muy pocos de los presentes, entre los que me incluyo, no somos consecuentes con los textos bíblicos a los que hace un momento se han dado lectura. Nos conocemos desde hace muchos años, nos tenemos que olvidar del dinero y de tanta celebración religiosa que a nada conducen salvo a la falsedad y el cinismo si tenemos en cuenta los tiempos que vivimos. Salgamos a la calle, hablemos con familiares y vecinos y actuemos para acabar con tanta injusticia que nos rodea a diario. Cuando pensemos y sea cierto que nos hemos aproximado a lo que nos dicen esos textos que se han leído hoy aquí, volvemos a vernos en la parroquia”. No había terminado la ultima frase cuando la conexión del micrófono desapareció y el párroco no paraba de exclamar intentando dejarse oír entre el ajetreo que se formó, “¡calma, calma!, ¡Antonio, por favor!”. Las palabras que más se escucharon entre los asistentes fueron las de “es Antonio, Antoñito Perales, se ha vuelto loco, pobrecillo”. Ante el asombro y los murmullos, se quitó el hábito que dejó en un banco al pasar y con sus vaqueros y una camisa verde, cogió camino por el pasillo central hacia la calle y nunca más se le volvió a ver por la parroquia.

 

Monasterio Santa María de Huerta. Soria

Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles Ha publicado 183 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *