Una Batucada y dos Marimbas.- Crónica del concierto TALIANO

He llegado al Auditorio. Veinte minutos antes de la hora H. Una nueva temporada del Grupo Concertante Talía comienza esta noche. «América, Ida y Vuelta». Tango, danzón, choro, mambo, samba, batucada… Un repaso a todos esos ritmos europeos y africanos cuando se entremezclaron con los ritmos indígenas. No me he sentado aún en mi asiento del Anfiteatro Pirata cuando veo entrar al escenario a Rodolfo, el más guapo. Me contorsiono. Elevo los brazos en señal -inequívoca- de saludo y, milagro, me devuelve una sonrisa, contrabajo en mano. Está más guapo, mas sonriente, más alto. Todo me parece más tras varios meses de ausencia. Los violines se sientan, de espaldas a mí. Mi comunicación con Jenny Clift y Blanca Castillo es imposible. En las violas me faltan Irene-Guapa y Virginia Gutiérrez Marañon.

Mientras se colocan todos los miembros de la Orquesta, comienza el desfile del Coro. Reconozco la inconfundible figura de mi Barítono predilecto, a Sarah Monroe y a otros cuantos cuyas caras me resultan más que familiares. Me contorsiono nuevamente para saludar a Lomas, sin éxito. No hay forma. He de venir el próximo día con un vestido verde fluorescente. Busco en la primera fila a Pizpireta. Sé que no estará, pero siempre me queda la ilusión… En el extremo derecho, arriba del todo como siempre, Alejandro Vivas, que también parece más alto. Será por el orgullo…

Silvia Sanz sube al escenario. Habemus Directora. Sonríe mucho. Debe ser también por el orgullo…

El concierto comienza a ritmo de Tango. Los instrumentos de viento se mueven sensuales y mi cuerpo, como el de muchos, parece querer despegarse del asiento y bailar. A mí vienen las imagenes de ese baile tan bonito de «Esencia de mujer». La música es mágica, sí, y adquiere cotas muy especiales con el Grupo Talía. Todavía hay muchos que no han experimentado lo que estoy diciendo, pero yo lo repito en cada Crónica. Hay que estar en el auditorio para dejar que la vista y el oído se deleiten en vivo. Canta el Coro y distingo la inconfundible voz de Baritono Predilecto. Él no me cree, pero puedo dejar mi juramento por escrito. Desde muy pequeña he tenido un oído singular para reconocer las voces que me gustan.

La canción de Gardel se mece al compás de la batuta de Silvia Sanz, produciendo un delicioso ambiente en que muchos canturrean. El día que me quieras… la rosa que engalana… se vestirá de fiesta…

Los compases rítmicos brasileños del Choro da Rua de Alejandro Vivas comienzan a hacer complicado el estarse quieto en el asiento. Los hombros se mueven, impulsados por el virtuosismo. Pasamos de un choro a una samba. De ella a la bossa-nova. Los contrabajos se han desplazado hacia la derecha en el escenario, dejando un hueco. Conozco de algo al Grupo Talía y sé que ese sitio libre no es para que las notas tengan refugio. No. La bossa-nova dereiva en una batucada. ¿Y por qué no? Una batucada de verdad – nueve integrantes más su director-  hace aparición triunfal con sus potentes instrumentos de percusión y ese ritmo en el cuerpo que a nadie deja indiferente. Es probable que bailaran hasta los acomodadores. La orquesta ha dejado de tocar para dejar total protagonismo a la batucada y el coro baila al ritmo de la percusión. Cuando se adquiere conciencia de estar ante un espectáculo único, de los que nunca van a volver a repetirse, uno agudiza sus sentidos y ordena al cerebro mantener el recuerdo intacto de la sensación de asombro al escuchar los ritmos trepidantes de los tamboristas. El cuerpo se mueve, los pies se balancean, la sonrisa se ensancha…

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Foto oficial del Grupo Concertante Talía

La segunda parte, espléndida también nos paseó por el Bullerengue de J. A. Rincón, las preciosas canciones de «Duerme negrito» y «Enciéndete Candela» y la venezolana «Alma llanera» de P. E. Bernstein.

Hay ocasiones en que los bises pueden poner un auténtico colofón al programa. Esta ha sido una de ellas. No creo que nadie pueda olvidar el primer bis: «Batida para dos marimbas y orquesta» de Alejandro Vivas. es una pieza alegre, muy alegre, rítmica, de percusión aguda. Lo pongo en pasado, para ayudar al énfasis. A los mandos de las marimbas estaban Daniel Alonso y Alba Vivas, la benjamina de la Orquesta Metropolitana de Madrid. Volví a contorsionarme, -tercera vez en la noche- para observar con atención el talento de estas dos criaturas de Dios. La destreza de Daniel Alonso la daba por hecho, por una mayor edad. Pero la habilidad de Alba Vivas era asombrosa, cuando menos. Quizá lo más impactante eran sus movimientos, siempre con determinación, con la seguridad de quien ha tocado la marimba hasta en sueños. La ovación al terminar, al menos en mi Anfiteatro Pirata, es la mayor que he sentido nunca. Los aplausos y los bravos arrastraban una especie de detonación, como los instrumentos que explosionan. Daniel abrazaba a Alba. Alba sonreía, abrazaba a Daniel, buscaba su diadema caída en el suelo y la mirada de sus padres; y besaba en la distancia a sus abuelos. Desde la esquina del coro podían verse los aplausos del padre más orgulloso del mundo. Desde la tribuna de la Directora también podía verse una sonrisa repleta de orgullo, de satisfacción, de una cierta sensación de paz. De pronto, me dije: «¿Serás idiota? ¡No has grabado ni quince segundos de ésto!» Y es que, ya saben, lo estaba FLIPANDO. A mis 47 años, FLIPÁNDOLO.

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El sector de percusión.

El segundo bis, un mambo amenizado por el baile de Jorge Huelva acompañado de su pareja estable, la viola. Indescriptible el espectáculo. Hay que verlo. Es por estos pequeños detalles que nadie debiera perderse un concierto Taliano. Para terminar, un tercer bis de la ultima parte del Choro da Rua con la Batucada Sambaur. Volvieron a hacer una demostración de ritmo y alegría de más de cinco minutos. Cinco minutos impresionantes. Hubiera dado todo por poder bailarlo, pero mis labores piratas me reclamaban… Enhorabuena, Talianos. Ha sido, una vez más, un CONCIERTAZO.

Posdata.- La foto de Silvia Sanz ya está colgada en el Auditorio, entre los grandes músicos que han pasado por el Auditorio. Con ese gesto de «¡Vamos! A darlo todo…» La justicia tarda, pero llega..

 

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Elena Silvela

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