Un viejo deseo cumplido – por ROSA H. MULA

Digo yo, madre, que ahí arriba lo sabéis todo, y ya sabrás que tu yerno se ha muerto, ¿no? Y si no lo sabías pues ya lo sabes.

Tantos años deseando que se muriera y, mira tú por dónde, viene a hacerlo en el momento en que peor me viene, que hasta para eso me llega mal la suerte. Seis meses más y hubiera cobrado la pensión completa y se lo tiene que llevar Dios ahora, tan antes de tiempo. Ni para eso me ha de servir el hombre, qué vida perra. Todo el día con la botella en brazos, que ya ni daba la lata, ya lo sabes. Pero hasta morirse tenía que hacerlo mal, qué hombre, oye.

Pues se me puso un gurruño en las tripas que no te cuento. ¡Qué berrinche! Después de tantos años y tantas cosas, la muerte de tu yerno me pilló a traición, ¡con la de veces que se la deseé, Dios me perdone! Y ahora, al cabo de tanto tiempo, se me cumple ese deseo para hacer llorar a su hija y encabronarme a mí. Que me quedé de queso, claro. Pero no porque se me cumpliera un deseo, que nunca dejas de cumplírmelos desde ahí arriba, gracias por ello y bendita seas, sino porque sentí el lloro de mi hija injustísimo. ¡Imagínate, a estas alturas! Después de tantos años malos que me dió el hombre —que Dios lo maldiga—, y la niña llora por él, cuando tendría que estar llorando por mí, que ahora me toca trabajar el doble o ponerla a trabajar a ella.

 

La niña lo quería; eso es lo peor, que lo quería. Callado siempre en su rincón que solo atendía a la botella, y la niña lo quería a él y lo buscaba. ¡Pero si he sido yo quien ha criado sola a la niña! Que él ni fue padre ni fue nada, que se ha muerto sin saber qué estudia su hija. Que bien pronto se desentendió de ella, que yo creo que él quería un chico y se enfadó con la vida por no dárselo. Y conmigo también andaba enfadado, claro, menuda vida me dio después, qué infierno; espero que lo esté disfrutando él ahora, te lo digo como lo siento.

Mira, madre, no sé cómo se ve el mundo desde ahí arriba, pero aquí abajo, sin tener todos los datos, da un miedo que para qué. Sí, sí; si yo me creo lo que nos decían las monjas. Seguro que Dios tiene un dibujo perfecto para este tapiz que es el mundo y todo eso pero, hija mía, es que desde aquí se ve todo cosido del revés y, encima, con unas puntarracás… que mejor no ponerse ni las gafas, mira tú.

No es bueno esconder la mierda debajo de la alfombra porque luego todo sale en el momento más inoportuno, es matemática pura, ya lo sé; pero cuando tu yerno se dio a beber yo no podía mirar ese asunto de cara ni dejar de desearle la muerte, que me tuve que arremangar y echar  para adelante, que bien lo sabe Dios. Y se me viene a cumplir el deseo cuando peor me viene y el sujeto ya ni molestaba. Así de rara es esta vida: a veces te da un palo que te cruje y, a la que te descuidas, te baña en mieles. ¿Quién lo entiende? ¿No hubiera sido mucho más fácil para todos que mi marido se contentara con la niña y conmigo en vez de con la botella? Vamos, que digo yo que tampoco es pedir tanto ni tan raro. Pues no, hay que complicar las cosas para que no nos aburramos. Si es que no hay quien entienda la vida, que tiene unas revueltas que para sí las quisiera el Guadiana.

 

Y encima se muere de repente (bueno, tanto tiempo con lo del hígado, ya sabes, pero no se lo voy a decir a la niña, aunque ganas me dan); se muere de repente y la niña lo honra ahora como a mártir, ¡no te digo! Bueno, ese papel sí que se le daba bien de hacer, ¿eh? ¡Cómo sabía llorarle a la gente!

Que el señorito no iba a pedir, de ningún modo; antes muerto. Había que adivinarle el pensamiento, no iba él a dar pistas. Pues, mira, ya está muerto; a ver quién le adivina ahora. Aunque con la caradura que se gastaba, seguro que es capaz de sacarle algo a Dios, no me extrañaría, que dicen que Él sí que adivina el pensamiento. ¡Menudo míster tenías tú de yerno, madre! Y no me quiero seguir calentando, que se me ha cumplido el deseo y él está ya frío, así que, nada, vamos a enterrarlo todos; y que se meta su pensión por el culo, allá donde esté.

Pero, vamos, que ni morirse ha sido capaz de hacerlo bien. Que es que me pongo descompuesta, que no lo puedo evitar de la rabia que me da pensarlo…¿Cómo le dices a la niña que su padre ha tenido la desfachatez de morirse tan pronto y tan deprisa que nos deja casi en la calle? Que digo yo que tampoco habría sido pedir mucho, que bien podía haber guardado cama en agonía seis meses, que tampoco es tanto tiempo.  Porque desde luego que la niña no creería que fue a mala idea, que sé lo que me digo. Bueno, igual no fue a mala idea y fue solo descuido, que es que no tenía cabeza el hombre. Que está mal hablar así de un muerto, lo sé, y que Dios me perdone.

 

Bueno, mira, y si no me perdona, peor para Él, dos trabajos tiene, que no por ser Vos quien sois me va a torear ni va a hacerme de menos; que me ha puesto muy difícil todo en esta vida, y hasta aquí hemos llegado. Que aprenda a escribir con renglones más derechos que nos iría mejor a todos; que si todo lo puede, ¿qué le costaba darme un buen marido y una buena vida, eh? ¿Qué le costaba? Pues, mira, que pongo el Sagrado Corazón del comedor mirando a la pared hasta mañana, así mismo. ¡Que es que hasta cumplirme un deseo hace que sea para complicarme más las cosas, hombre ya!

Y este asunto de tu yerno queda zanjado por siempre jamás. Y que no me vuelva la niña a hablar de lo bueno que era su padre que le doy un bofetón, fíjate lo que te digo. A sus quince años le doy un bofetón como me llamo Lali, que es lo que tenía que haber hecho hace ya mucho tiempo. Que me tenías que haber dejado pegarla, madre, que tu nieta desde bien pequeña ya sabía yo que lo que necesita es doma y no buenas razones. ¡Habráse visto la niñata ésta!

 

DeseoCumplido

 

 

El blog de Rosa H. Mula es http://rosakandida.blogspot.com.es/

Rosa H. Mula

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