Un poema imposible de Gaudencio Costa, por PEDRO PABLO MIRALLES – #relatos

Puso el cazo de aluminio desgastado y retorcido encima de la resistencia encendida con ese rojo intenso del infernillo, vertió dentro el café de puchero que había sobrado la tarde anterior, una vez caliente lo echó en el tazón descascarillado de loza blanca y lo tiñó de blanco con algo de leche del tiempo que guardaba en un bote de cristal sobre el quicio exterior de la ventana, que hacía las veces de fresquera con el cristal lleno de vaho que impedía ver los primeros trabajadores en la calle Libertad rumbo al Mercado de San Antón a esa hora temprana sin apenas luz, puso dos cucharaditas de azúcar en esa pócima, que revolvió convenientemente y comenzó a beber despacito con sorbos sonoros. Llevaba el tazón a los labios con su mano izquierda decorada con el grueso anillo de oro en el anular y, acompasado y con gesto de concentrado, con la derecha empezó a escribir en uno de sus múltiples cuadernos algo desvencijado la poesía que no le había dejado dormir toda la noche dando vueltas en su cabeza y envuelto en una manta zamorana que además de darle calorcito le producía picor por todo el cuerpo, a pesar de que entre medias del colchón de miraguano y la manta desplegó de forma impecable la colcha blanca de hilo descolorida, raída y con algunos rotos en las zonas de mayor roce corporal.

En la página que había comenzado a escribir esa mañana se podía leer:

Cuando paseo hacia el Ángel Caído del parque del Retiro,
entre cedros, abetos, moreras, acacias, cipreses y algún sauce,
me olvido de todo, casi todo, menos de
(y a partir de aquí tachaduras a troche y moche que hacían imposible la lectura de cuanto debajo había escrito hacia un momento).

Como no lograba pasar de esa línea aunque las ideas las tenía más o menos claras en la mente, soltó con parsimonia y aplomo el tazón sobre el mantel de hule a cuadros rojos de la mesa de madera del rincón de la cocina, situada frente a la ventana, cerró el cuaderno con lentitud y se dijo con la voz ronca de recién despertado: “este poesía no la conseguí cerrar por la noche entre sueños, tenía que haberme levantado y escribir entonces, ahora es ya imposible, cuando uno se bloquea de esta forma lo mejor es abandonar antes de que el poema te mande al carajo, los versos a la primera y sin volver a ellos, lo de hoy es un ejemplo más de los poemas que quedan inconclusos para siempre sobre el papel, decorados de forma bruta. La culpa no es de Laurita ni mía, ya lo dijo Gallito el hermano de José, “lo que no pue’ ser no pue’ ser y además es imposible”.

De la estantería tintineante cogió la botella de coñac que le vendieron la semana anterior en el Café Peroles, echó un chorro generoso en el tazón sobre los restos de aquella pócima matinal para hacerse un carajillo, que acto seguido bebió de un golpe y sin cerrar los ojos, para despejar un poquito la cabeza y superar ese mal momento literario.

Gaudencio Costa no había hecho más que empezar el día de una forma que no le gustaba, pero tampoco se iba a flagelar por esa minucia poética. Se arregló un poco, se abrigó y encasquetó el viejo gorro de lana tejido a mano por ella, bajó las escaleras y, ya en la calle, dirigió sus pasos de forma instintiva a girar visita a su buen amigo caído del parque del Retiro, con el que hacía tiempo no compartía esas amables parrafadas que comenzaron aquel día en que con esa cara angelical le explicó de forma no tan convincente como categórica eso de que “mejor reinar en el Infierno que servir en el Cielo”.

gaudencio costa

Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles Ha publicado 200 entradas.

2 comments

  1. Gracias Pedro Pablo te leo sistemáticamente para en cierta medida evadirme de las cosas que tu sabes en las que trabajo. Tenemos pendiente comer con normalidad. Con la amistad de siempre juanjo

Responder a juanjo del aguila Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.