Un no sé qué – por C. SANZ DE BREMOND

El timbrazo, agudo y ensordecedor, me obliga (contra mi voluntad, todo hay que decirlo) a levantar la cabeza con brusquedad; un movimiento capaz de propulsar la masa cerebral más allá de sus límites naturales. ¡Bendito cráneo! O no. Además, la masa de neuronas hecha gelatina tiene vida propia: se contrae y dilata con carácter.

 
Gimo.
        
“¡Adorable!”, pienso. Y al instante la bilis acumulada durante la noche llega con alegría desinteresada hasta mi boca. “Adorable”, vuelvo a repetir.
        
Apoyo mi frente sobre la mesa. Buena manera de centrar mi atención en los pasos que suben los peldaños carcomidos de la vivienda. Sé que en breves momentos oiré también sus pisadas sobre mí; como cada viernes, como cada sábado.
        
Y así ocurre.
        
Miro las agujas del reloj (tras una extraña contorsión de mi muñeca que me obliga a emitir un ¡au!). Si no me falla la vista las agujas marcan las tres menos cuarto. Miro hacia la ventana. Noche profunda. ¡Caramba, esta chica llega dos horas más tarde de lo habitual! ¡Tendré que hablar con su padre…! Me basta un milisegundo para darme cuenta de que no dormir bien perjudica seriamente a la inteligencia. ¡A mí qué me importa si ella llega a su hora o no!
        
Extendiendo los brazos en cruz, un achuchón a mi querida mesa, y me vuelvo a sumergir en el sueño. O al menos lo intento.
        
Arriba, la muchacha zapatea.
        
¡Mosca cojonera!

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Ninfa de Ameles spallanzania (Rossi, 1792)

Consuelo Sanz de Bremond

Consuelo Sanz de Bremond Ha publicado 78 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *