Un mal día – por PILAR RUBIO

Cuando por fin se dejó caer en el sofá, Gonzalo notó incómodo que éste se movía. No cabía duda, el cuero negro estaba vivo. Durante unos segundos alelados el mundo no se rigió por la lógica. Hasta que oyó el llanto sofocado justo debajo de él.Y pegó el salto. ¿Cómo coño habría llegado allí David? Dos años agotadores e inquietantes, rogando que el puto niño se durmiera a su hora, y había ido a pasar justo allí y entonces, en el salón a oscuras, en el día más oscuro que recordaba en años.

 

Facunda entró con paso calmo a pesar de los gritos, en su universo paralelo, donde todo ocurría a otra velocidad. Comprobó que no había grandes desperfectos. El crío, pasado el berrinche sonreía, y no mostraba secuelas del culo de papá. Los gemelos decidieron encenderse entonces. Podría ser hambre, sueño, aburrimiento, pis. Gonzalo pensó en elaborar un protocolo que cubriera cualquier eventualidad. Metería en una caja un biberón, agua, juguetes, pañales….. ¿Una caja con tirantes, de cigarrera antigua? ¡ Vaya gilipollez! Habría que darle más vueltas a la idea.  Tenía que hacer una lista a ordenador. Esto le desbordaba. ¡Hija de la gran puta!.

 

Aunque llevaba ya unos meses bastante rarita. La depresión postparto, concluyeron en la cena semanal de directivos. Por el silencio y eso. Pero le había afectado un poco tarde. Cuando empezó con el gimnasio. Dejó la queja eterna, abandonó las pullas. Simplemente calló. En un principio resultó un alivio. Poco a poco en aquel mundo sin más ruidos que los llantos de críos el aire se fue haciendo espeso, muy espeso. Gonzalo miraba a escondidas el  rostro mudo, que él ya no movía, y sentía miedo. Tanto, que no se atrevió a preguntar por qué. Y se dio al golf. Y a la autocompasión. Y a la terapia en las cenas semanales.

 

El silencio había acabado hoy, dejando en su lugar una mierda de e-mail, un armario vacío, una etiqueta vieja tirada por el suelo, un calcetín. También tres niños ahora de él, una Facunda, el vértigo, la angustia del asomarse a un barranco como cortado a pico, y un reloj. El que ella le regaló el día que se casaron. Aquel reloj.

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Pilar Rubio

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