Un estado de ánimo, por ENRIQUE QUESADA #poemas

Que amanezca y el sol a la noche confronte!,
¡Que se lleve la sepulcral gelidez de éste invierno mío!
¡ Que la bruma de la mañana la ladera remonte!
mas el día, neblinoso, es de un iluminar tardío.
El sol, bajo aún, recortándose en el horizonte,
proyecta, alargadas, las sombras sobre el suelo baldío,
dibujando un paisaje incierto desde las crestas del monte.
Me siento oscuro. Me siento frío.
Estridentes nubes de aves levantan el vuelo,
como un velo etéreo al soplo de un viento bravío
para caer al momento, casi ingrávido, al suelo.
Una sombra gélida es mi interior. Estoy vacío.
El tiempo se detiene con el sol ya aplomado.
El aire, asfixiante y denso, abrasa sin compasión,
pero el frío en mi cuerpo no se ha atemperado,
ni una luz acude a iluminar mi razón.
Cayendo el día, el alado velo negro se va levantando
en busca de refugio en las copas cercanas.
El sol, para ocultarse, el poniente va buscando,
y proyecta, todavía más lúgubre, alargadas las sombras de las ramas.
Negativa simetría de aquellas sombras matinales,
que el sol, en su despertar, desplegaría,
atardecer que trae de regreso mis fantasmas habituales,
la oscuridad y el frío de la noche, que me han acompañado todo el día.

 

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Fotografía de ELENA SILVELA

Enrique Quesada

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