Tuve ganas de llorar, por MARÍA JOSÉ LARA – #historias

5:30. Bajo hacia la calle Princesa, quiero encontrar un taxi que me lleve a Gran Vía. Las calles están desiertas, y siento algo de miedo al encontrarme con la ciudad dormida. Me alivia un poco la presencia de un portero barriendo la acera; suspiro de alivio. Me subo al taxi, que me lleva a mi destino. Es una de las calles más emblemáticas y llena de vida de la capital; ahora está casi vacía. Hay pocas personas: un latero, un empleado del servicio municipal de limpieza y dos chavales hablando. Todos son hombres. Hace mucho frío y voy rápido; ya ando un poco resfriada. De repente identifico una sombra a lo lejos, viene directa hacia mí. Es un hombre, mide alrededor de 1,90 cm y aparenta tener unos 35 años. Cuando aún quedan algunos metros, me desplazo hacia la izquierda para no chocar, pero él hace lo mismo. Vuelvo a repetir la operación, esta vez al otro lado, pero el individuo se vuelve a desplazar hacia la misma dirección. Me encuentro de frente a él, mi mente se para por un segundo. Solo se me ocurre andar mas rápido y apartarme de su trayectoria. El chico se empieza a reír a carcajada limpia. Pude ver su rostro, su amplia sonrisa y sus ojos abiertos. Se reía como ríen los malvados cuando saben que provocan miedo. Se reía de mi miedo, de mi fragilidad, de esa fragilidad que siente el débil ante el fuerte. Se sentía poderoso y yo… yo tuve ganas de llorar.

Ojalá que las mujeres no sintieran miedo de ir solas por las calles. Ojalá que este relato hubiese salido de mi imaginación.

gran via nocturna

María José Lara

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