Tres relatos canallescos – por PEDRO PABLO MIRALLES

El joven soldado norteamericano James Smith enviaba por correo a su novia Callie Hawkins, textos escritos sobre su experiencia en Europa durante  la Segunda Guerra Mundial. En agosto de 1944 Callie recibía desde Francia un largo texto en el que, entre otros extremos, se podía leer: “con alguna frecuencia todo termina en un cuerpo a cuerpo con carga a la bayoneta en el campo de batalla, con esas armas blancas mortales caladas en los extremos de los fusiles de ambos enemigos. A veces los disparos efectuados al buen tuntún en esos brutales enfrentamientos, aciertan en cualquier parte del cuerpo del contrincante antes de que las bayonetas, especialmente afiladas para la ocasión, destrocen el cuerpo que uno tiene delante. Muchos de los soldados atacan gritando a lo loco y con los ojos cerrados, esperando tener suerte en esos combates a la desesperada planificados minuciosamente por los jefes y oficiales de ambos ejércitos. Al final de esos cuerpo a cuerpo nadie queda satisfecho de la labor realizada, el horror se hace dueño del campo de batalla a pesar del éxito o fracaso de esas cargas a la bayoneta”. Todo un relato de acciones canallescas.

Sesenta años después, en el 2004, el joven ingeniero militar norteamericano, Jack Wright, nieto de Callie y James, destinado en una base militar de la OTAN en Europa que nunca ha desvelado cual era,  enviaba una carta a sus abuelos que estaban en una residencia militar de viejos en San Diego, en la que entre otros extremos, se podía leer: “Ahora, para intentar evitar el cuerpo a cuerpo que en realidad al final siempre llega y que no se produzcan bajas innecesarias, basta manejar bien una precisa pantalla y mandos de ordenador, seleccionar un objetivo a miles de kilómetros y apretar un botón para disparar desde lanzaderas móviles uno o varios misiles situadas en otro lugar más próximo a Irak y liquidar ese objetivo enemigo marcado con una cruz en la pantalla vía satélite. La precisión es extrema. Cuando a los pocos minutos se producen las explosiones, no se puede apreciar desde este lugar si alguien grita o cierra los ojos, no tienen tiempo para ello y la imagen de la pantalla no tiene sonido. Las pocas personas que puedan quedar con vida o malheridas, se las ve pequeñitas, como atontadas, las que todavía tienen piernas o brazos los agitan desesperadamente y apenas saben correr. En la habitación donde se ha pulsado el botón se produce un gran silencio, pero con frecuencia suele haber alguien que sonríe de forma estridente como lo hace un borracho y con los dedos de ambas manos hace el signo de la victoria ante la destrucción”. Todo un relato de acciones canallescas.

Hasta aquí dos pequeñas muestras de relatos bélicos en diferentes épocas y, mientras tanto, los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales, afirman y coinciden en señalar que el hambre y la pobreza producidas no solo por los conflictos bélicos permanentes sino especialmente por las desigualdades que produce el sistema económico y financiero, siguen en aumento durante el último año 2018 y afectan de mil formas canallescas a las tres quintas partes de la población mundial.

 

Preparados. Fotografía de Ed. Sombra

Pedro Pablo Miralles

Pedro Pablo Miralles Ha publicado 201 entradas.

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