Tres pinceladas de la Semana Santa zamorana

Mágica es la semana santa en Zamora. Pasional, silenciosa, fervorosa. Tremendamente respetuosa. Fría, llana, directa al corazón. Con iguales dosis de austeridad y profundidad. Esta ciudad románica celebra su semana más importante lanzándose a las calles. Todos, grandes y pequeños. Esos días en que el sueño deja de ser importante, lo principal es estar ahí, en las procesiones.  Son 17 las principales cofradías y hermandades que componen la Semana Santa zamorana. Aunque las primeras cofradías proceden del siglo XV, la primera referencia documental sobre la celebración de la Semana Santa procede del siglo XIII.

A pesar de ser madrileña, he tenido el privilegio de disfrutar, en varias ocasiones, de la Semana Santa completa y verdadera en Zamora. Impresionantes para mí son dos procesiones.

La de la Hermandad del Santísimo Cristo de las Injurias, popularmente conocida como la Procesión de la Cofradía del Silencio, donde el único sonido que se escucha es el sobrecogedor paso de los cientos de cofrades…  sin más acompañamiento que las miradas de los observadores. El juramento antes de procesionar es solemne:

“Hermanos de la Cofradía del Santísimo Cristo de las Injurias, ¿juráis guardar silencio durante el recorrido de esta procesión?

Sí, juramos.

“Si así lo hacéis, que el señor os lo premie, si no que os lo perdone.”

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Procesión del Silencio
Zamora

Y la procesión de la Soledad. Donde las Damas visten negro riguroso, portando una sola luz; y los cofrades organizan la procesión llevando a una Virgen de la Soledad a la que se cubre con un manto de estameño negro, ligero, que danza de un lado a otro. Puesto que la mesa del paso de la Virgen es liviana, los cofrades la llevan a un paso cadencioso tal que se diría que la Virgen camina por los aires, en solitario, con su pena, mientras llora… Aparte de su preciosa cara, impresionan las manos de la Virgen, fiel reflejo de su angustia y soledad.

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Procesión de la Soledad
Zamora

Pero… sin duda alguna, la procesión emblemática zamorana -por su hermosura, solera y profundidad- es la del Cristo Yacente. Sale a las once de la noche del jueves  de la Iglesia de San Cipriano, acompañada por los penitentes de la Hermandad del Christus Yacens. Más de novecientos hermanos forman parte de la Hermandad, fundada en 1941. La impresionante talla del Cristo Yacente es del siglo XVII. Los hermanos salen con túnica de estameña blanca, faja morada, caperuz alto y sandalias franciscanas. Hace su parada principal hacia la una de la madrugada en la Plaza de Viriato, donde el coro de la Hermandad, compuesto por casi doscientas personas, entonará el Miserere. Es en esa plaza donde se encuentra la Diputación y he tenido la suerte de disfrutar dos veces en  mi vida de la visión que se ofrece desde uno de los balcones del Edificio. Confieso que es verdaderamente sobrecogedor. En el centro de la plaza se prepara el coro para recibir al Cristo Yacente. La procesión llega por un lateral de la plaza, en forma de ele y los caperuzos comienzan a agolparse a ambos lados de los tres tramos que bordean al sitio central del coro. He utilizado la palabra agolpan por ser la más ilustrativa, pues novecientas caperuzas con sus hachones llameantes hacen un número muy generoso para arropar al Cristo. Se escuchan a lo lejos los tambores que acompañan a la talla del Cristo. En el momento que comienza a asomar el Cristo Yacente por el lateral de la Plaza de Viriato, el Coro empieza a entonar el Miserere, profundo, solemne, inmenso. Se invade el ambiente de un halo de religiosidad irremediable, mientras que el Cristo se mueve lentamente de izquierda a derecha y avanza haciendo el recorrido muy despacio, muy solemne, muy triste y al tiempo tan arropado por los Hermanos bajo el caperuz…

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Cristo Yacente
Zamora

Elena Silvela

Elena Silvela Ha publicado 320 entradas.

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