Todo terminará arreglándose, por ELENA SILVELA #misescritos

Mientras remaba, buscaba zonas del lago en calma, huecos en dónde se vieran reflejados los pinos de la montaña. Tu voz, contándome la historia, me reconfortaba en cierto modo. Como siempre que se trataba de un tema de gravedad, no nos mirábamos a los ojos. Las voces, escuchadas con el oído, sin interferencias visuales, son mucho más penetrantes. Remaba a ritmo muy lento, para que el ruido de la pala apareándose con el agua fuera quedo. Terminaste la historia y me pediste opinión. Siempre lo hacías. Te miré entonces; y fue cuando empezaste a llorar. Las lágrimas insumisas caían por tus mejillas. No sabías ni qué hacer con las manos. Dejé los remos, me acerqué a ti y te abracé. “Todo terminará arreglándose“. Recuerdo bien las tres palabras que pude decir para consolarte. Te confieso ahora que no creía en lo que decía. Era un simple formulismo, unas palabras de aliento que suelen irse con el viento, arrastradas por la maldad de la situación. Inevitables palabras vanas, pues comenzar consolando a alguien con un “Hay que ser fuerte. Prepárate para lo peor.” requiere de una personalidad extraordinaria. No dije tal sentencia, tal y como la creía; pues soy una persona normal, sencillamente normal. Anodina.

Pasaron los meses y todo terminó arreglándose. Te confieso ahora que ha sido un milagro la forma en que se ha resuelto todo.

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Fotografía de Elena Silvela

Elena Silvela

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