Tim Buckley, el trovador que le cantaba a las sirenas

Al igual que Ulises, Tim Buckley no quiso taparse los oídos ante el canto seductor de las sirenas, pero a diferencia de él, no jugó con la ventaja de sufrir la atracción de la belleza fatal atado al mástil y su nao se estrelló contra las rocas.

 Porque Buckley, antes que músico de vanguardia, era un inmenso poeta. Nacido en Washington en 1947, es una de las figuras más interesantes de la corriente de cantautores (en el sentido anglosajón singer-songwriter) que emerge en la época bisagra entre el final de los dorados sesenta y la explosión del punk y la nueva ola de mitad de los setenta.

 Pero su música es mucho menos directa y mucho más compleja que la de compañeros de generación como Neil Young o Jackson Browne, pues su afán de experimentar y su falta de aversión al riesgo estético siempre le alejaron de los senderos fáciles y conocidos, siempre le apartaron de las rutas marinas que están marcadas en las cartas de navegación proyectándole hacia las zonas más remotas y desconocidas del océano, allí donde habitan los seres fabulosos. Y el canto fantasmagórico de las sirenas a menudo le acercó peligrosamente hacia el rompiente.

Los primeros discos que lanza al mercado en la segunda mitad de los sesenta le proporcionan un reconocimiento inmediato por parte de la crítica, dentro del panorama de los trovadores alternativos. Su apuesta por definir un sonido propio a través de las propuestas más avanzadas del jazz de la época le distancian de la figura del cantautor clásico de la guitarra acústica y la armónica.

unnamed (4) Son elepés como su ópera prima Tim Buckley (1966), en la que demuestra su capacidad para componer melodías sugerentes, el experimental Goodbye and Hello (1967) que no obstante conjuga con los temas musicalmente más avanzados melodías tiernas y tristes como las de Morning Glory y Once I Was, y finalmente el álbum Happy Sad de 1969.

Ya en esta primera época muestra una capacidad poética superior que refleja en las letras de sus canciones. Una habilidad natural para expresar la melancolía más íntima a través de imágenes poderosas y evocadoras:

 

And though you have forgotten
All of our rubbish dreams
I find myself searching
Through the ashes of our ruins
For the days when we smiled
And the hours that ran wild
With the magic of our eyes
And the silence of our words
 
Y aunque hayas olvidado
todos nuestros sueños basura
me descubro a mí mismo buscando
entre las cenizas de nuestras ruinas
los días en los que sonreíamos
y las horas que pasaron volando
con la magia de nuestros ojos
y el silencio de nuestras palabras  
 

A mí personalmente me estremece escuchar las palabras que vertebran sus temas, me transmiten una sensación de la desesperación de alguien que busca algo valioso largo tiempo perdido o que quizá nunca existió. Quizá el amor imposible de una sirena…

En la década de los setenta amanece un Buckley que arriesga más musicalmente, que acerca su barca peligrosamente a los arrecifes. En este momento lanza su trilogía más experimental: Blue Afternoon (1969), Lorca (1970) y Starsailor (1971). Son discos nada convencionales y de muy difícil escucha que espantan a la crítica y al selecto público que había reunido en su primera época. Finalmente, su nave se estrelló contra las rocas.

Tras su fracaso musical pasó algún tiempo fuera del negocio, ganándose la vida como taxista, como chófer particular, y finalmente, como profesor de etnomusicología en la Universidad de California. También en esta etapa de su vida se casó y tuvo a su hijo Jeff, que seguiría en los años 90 los pasos de su padre como cantautor maldito y genial.

Tim Buckley volvió al mundo de la música grabando tres nuevos discos en los que reaparece como rockero, devolviendo sus composiciones a la corriente mainstream que le reconcilia parcialmente con el mercado. Y de repente, en 1975, esta historia se interrumpe bruscamente. Buckley fallece de sobredosis, según el forense de Santa Mónica que certificó su muerte, al haber tomado heroína creyendo que era cocaína.

Tim Buckley se fue aquel domingo de junio de hace tanto tiempo dejándonos a un hijo músico (que también murió antes de tiempo tras realizar Grace en 1994, uno de los mejores discos de la historia del rock) y una discografía tan interesante como controvertida.

Pero Tim nos dejó algo aún más valioso: la historia de su relación con la sirena. Nos dejo su experiencia personal al abrazar quimeras, al apartarse de los caminos transitados y al llegar a amar lo desconocido y lo distinto… con todas sus consecuencias.

La canción Song To The Siren es todo eso y mucho más. Quizá os suene porque fue versioneada en la década de los 80 por This Mortal Coil y utilizada en publicidad televisiva.

 Long afloat on shipless oceans
I did all my best to smile
‘til your singing eyes and fingers
Drew me loving to your isle
And you sang
Sail to me
Sail to me
Let me enfold you
Here I am
Here I am
Waiting to hold you

Did I dream you dreamed about me?
Were you hare when I was fox?
Now my foolish boat is leaning
Broken lovelorn on your rocks,
For you sing, ‘touch me not, touch me not, come back tomorrow:
O my heart, o my heart shies from the sorrow’

I am puzzled as the newborn child
I am troubled at the tide:
Should I stand amid your breakers?
Should I lie with death my bride?
Hear me sing, ‘swim to me, swim to me, let me enfold you:
Here I am, here I am, waiting to hold you’
 
 
Tanto tiempo flotando en océanos desiertos
hice lo posible por sonreír
hasta que tus ojos y dedos cantarines
me llevaron enamorado a tu isla
y cantabas
navega hasta mí
navega hasta mí
déjame envolverte
aquí estoy
aquí estoy
esperando abrazarte
 
¿Acaso soñé que tú soñabas conmigo?
¿Eras liebre mientras yo era zorro?
Ahora mi estúpido barco está tirado
roto de amor en tus rocas,
porque cantas “no me toques, no me toques, vuelve mañana:
oh mi corazón, oh mi corazón, se estremece de tristeza”
 
Estoy confundido como el niño recién nacido
estoy preocupado en la marea:
¿debo mantenerme en pie entre tus rompientes?
¿debo acostarme con la Muerte mi prometida?
Escúchame cantar, “nada hasta mí, nada hasta mí, déjame envolverte:
aquí estoy, aquí estoy, esperando para abrazarte”
 
 
 

Pablo Rodríguez Canfranc

Pablo Rodríguez Canfranc Ha publicado 808 entradas.

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