Terrores del alma infantil – por PABLO RODRÍGUEZ CANFRANC #poesía

Había veladas, cuando las crines
de la profunda noche desbocada
azotaban el mármol de tu frío
rostro, que podías sentir como una

serpiente te reptaba espalda arriba,
punzando vértebra a vértebra en una
danza dionisiaca, para explotar,
finalmente, en volutas plenas de alba.

Cuando ya sólo quedaban los tristes
jirones de oscuridad, restos últimos
del gigante derrotado, el paisaje
cobarde ahora parecía alzarse
en respuesta altiva al mirar celeste
de un cálido cíclope deslumbrante.
El ojo que todo lo ve. El espejo.

Esas noches de ideas tan gélidas,
de monstruos marinos y espectros blancos
tensaban firmes cadenas de algas
sobre tu joven corazón, matando
un incierto instante, toda la fe
en el mágico poder protector
de la verde ingenuidad, miserable
talismán vulnerable al oleaje.

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Pablo Rodríguez Canfranc

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