Teresa y Rubén, por PEDRO PABLO MIRALLES – #relatos

El lento caminar de las nubes cubría el cielo azul de hacía unos días y la luz de un sol otoñal sin fuerzas se habría paso a duras penas sobre un débil paisaje cobrizo y algo de bruma entre los árboles. El pequeño camino de tierra rodeado de ramaje silvestre que alegraba algún pajarillo, se estrechaba a lo lejos y dejaba a lo largo las huellas de algún vehículo rodado que antaño sería una carreta cargada de leña delgada pero útil para la chimenea de la casa que la convertía en confortable a pesar del frío exterior.

Teresa contaba sus pasos y miraba hacia atrás de vez en cuando comprobando que sus botas de cuero no dejaban huellas ni rastro de sus suelas de goma, resguardaba sus manos con unos guantes de lana, la izquierda en el bolsillo de ese chaquetón que heredó de su hermana y la derecha cogida de la mano izquierda de Rubén, su hijo de cinco años.

Forzando algo sus pasos para caminar al lado de su madre, Rubén no dejaba de hacer preguntas y plantear cuestiones como, ¿por qué siempre vamos por este camino?; ¿es raro que nuestros vecinos no salgan a pasear tanto como nosotros?; ¿por qué papá trabajaba en la fábrica que cerraron el año pasado en Valverde y poco antes de morir decía que la iba a dejar para ocuparse de los frutales que hay junto a nuestra casa?; ¿por qué papá se llamaba Santiago y no Rubén?; ¿por qué no tengo más hermanos?, si los tuviera podría jugar más; yo de mayor no quiero vivir aquí, quiero que nos vayamos a Valverde porque hay más niños de mi edad……

Hijo mío, por aquí paseábamos tu padre y yo antes de que nacieras y cuando eras pequeño, hacíamos planes y pensábamos mucho en ti para cuando fueses mayor, dentro de dos años nos iremos a vivir a Valverde, vamos a poner en venta la casa y el terreno con los frutales, irás a la escuela con otros niños de tu edad, yo me buscaré un trabajo para vivir más desahogados que ahora, ya verás que bonito y que bien lo vas a pasar, ahora solo tenemos que ir preparándonos y ya verás como todo sale bien.

Los ojos y la mirada de madre e hijo iluminaban todo y el camino de rutina se hacía más rápido conforme avanzaba la conversación. El gesto de ilusión de Rubén llenaba de alegría a Teresa y era como si Santiago les acompañara en ese paseo otoñal que los dos iniciaron por rutina y sin mucho entusiasmo para ocupar el tiempo que transcurría a veces demasiado lento como ahora las nubes.

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Fotografía de BABIOGRAPHY

Pedro Pablo Miralles

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