Terapia literaria

La tertulia en La Boutade se marea de azahar estos días de primavera. Ahora es más común ver a Doña Elena, Paco y Mercedes de cháchara que en los meses fríos que, menos a las de Paco, afecta a las articulaciones de los parroquianos.

Ni recuerdo ya cuando fue la última vez que me levanté sin apoyarme en algún sitio – se lamenta Doña Elena.

Yo tampoco – dice Mercedes- pero más bien por floja, creo. Que por cierto, digo yo, qué que necesidad tendrá usted de levantarse sin apoyos.

Es un geron-indicador.

No abuse del diccionario etimológico, Elena.

Soy de adición fácil, qué le vamos a hacer. Por fumar no me dio, eso sí.

Y ¿Paco fuma?-Le pregunto a Mercedes- Le he visto entrar en el estanco.

No. Cosas de Luis El Nicotina, que le ha pedido que le revise las medidas de seguridad que ha puesto en el estanco.

Luis El Nicotina tiene menos luces que el túnel donde nos ha metido Montoro.

Regenta el estanco que está en Feria desde antes de que pusieran la calle. Cada vez que se rumorea una subida de impuestos al tabaco, blinda el estanco convencido de que hordas de adictos arruinados lo asaltarán. Asalto sin piedad por las personas ni cuidado por las cosas . La toma violenta de los estancos, dice, será la mecha que incendie la revolución social, como en el 36 lo fueron las ocupaciones de fincas y minas.

Otro que lee a Pío Moa.

A mi no me mires, Abogado, que yo de Moa no revendo. Afecto al Régimen si que era, dicen.

– ¿El Nicotina? Afectisimo- confirma Doña Elena – y eso que cuando murió Franco, solo tenía nueve años. Pero maduró a la política pronto, por lo que se ve.

O se le estancó la maduración al estanquero. Últimamente se acerca mucho a La Boutade. El psiquiatra le ha recomendado lectura para calmar los nervios. Er Ertres que le provoca la situación actual, según lo explica él.

Paco corre desde el estanco hacia nosotros.

– A nadie se le ocurre, Mercedes, vender El crimen de las estanqueras  al trastornado ese. Lo que me he podido reír.

estanqueras

Con que pase la mitad de miedo que pasamos en el 52 cuando las asesinaron, vamos a tener juerga hasta verano – Ríe Doña Elena.

No duerme, dice, desde que leyó que el asesino compró la bayoneta para apuñalarlas aquí, en el Mercadillo de Feria. Quiere que movilice a la policía para que retire las armas que puedan encontrar.

‘gensanta ¿ya estaba el Mercadillo en Feria en el 52?.

Sí, Abogado y desde antes. Poco ha cambiado esto – y Elena rememora- Grosso noveló que fue por la Calle de Santa Rufina, donde también entonces había ya putas, por donde desembocó Emilio Javier Santos al mercadillo buscando el arma con la que asesinara a las hermanas estanqueras.

Otra contradicción más de aquellos tiempos, con tanta venganza aún pendiente y que fuera tan fácil conseguir armas blancas. Convenía y mucho, que 13 años después de la Guerra, se mantuviera viva la contienda pero con el límite de la invulnerabilidad de que aquellos que lo apoyaban. Conmigo, la seguridad, venían a decir. Te adhieres y te protejo. Inventaron, por eso, un robo con muerte.Las estanqueras, adictas al régimen, no podían ser asesinadas en venganza por sus delaciones de primera hora del Glorioso Movimiento. No sabían como compaginar la imagen de que todo estaba controlado con la necesidad de mantener la alerta frente a los infiltrados cuya mera existencia justificaba las oleadas de represión. Y así fue, según cuenta Grosso.

Oleadas o arrepíos. Más que represión, aquello parecían espasmos para demostrar que el cadáver seguía vivo.

Eso, ya fue en los setenta, Mercedes. En los cincuenta, el Régimen estaba aún muy vivo. Y daba miedo. Mucho. Cuando se nos contó que había sido un crimen común, hubo un suspiro de alivio entre los que apoyaban al Régimen.

Vamos, media ciudad.

O dos tercios, que en este país luego nadie recordó ser franquista y todos se habían horrorizado siempre de los abusos. Cuando el Supremo confirmó la pena, tres ladrones de medio pelo acabaron en el Garrote.

Elena calla un minuto, rindiendo homenaje – Solo un juez se negó a confirmar la sentencia. En un tiempo en que un gesto podía costar la carrera o algo más, ya tuvo huevos. En fin, que para jóvenes franquistas estoy yo. Al menos, este es miedica.

Y yo ahora recuerdo que el primer día me tuvo esperando cinco minutos mientras me observaba antes de permitirme entrar.

Si hubieras llevado gomina hubiera salido a recibirte con honores– Sentencia Paco- Yo le he recomendado que quite el escudo del Águila, que es una provocación, Si tanto miedo a sus clientes tiene, mejor no provocarlos. Se ha bloqueado entre la fidelidad y el negocio, dice.

Gilopollas , ya te digo– Concluye Mercedes y como si una invocación fuese, Luis El Nicotina sale y se acerca.

Yo disimulo con la Enciclopedia Británica, Doña Elena ojea el diccionario etimológico, por la G de gilipollas , Paco se cuadra con las manos en la hebilla y Mercedes le sonríe:

Luis te estaba esperando. ¿Cómo va la terapia? ¿Has oído hablar de José Luis Alonso de Santos ? Tengo una obra suya que te va a encantar:

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Luis Casas Luengo

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