Te conocí en Berlín – por ÁLVARO MÁRQUEZ

Cuando lo más que probable era interpretar cómo romper muros en tan ansiada reunificación, llenar un centro vacío de materia y de color, analizar conservadurismos contextuales, las torres, las nuevas plazas, los barrios residenciales…

Cuando lo inevitable era acabar en Potsdamer Platz a través de los bosques del Kiergarten, toparme de bruces contra la silueta que diseñara el maestro en acero y cristal, observar cómo captabas la luz de la Nationalgalerie con esa visión de rapaz, cómo no ya la robabas, sino cómo más bien la irradiabas.

Fíjate bien, yo que siempre dejé de pasear
por las estériles y raras márgenes del Spree
con la única idea del Reichstag alcanzar,
cuando lo inevitable era encontrarte allí.

Mírame, este discípulo de la ondina Morgen
perdido en la dispar ortografía de las fachadas
que a la Alexanderplatz sólo traían desorden,
cuando lo inevitable era observarte despeinada.

Óyeme, que no detectaba de la trama lo prusiano,
tampoco ejes malignos ni fríos telones de acero,
cuando lo inevitable era tan sólo asir tu mano.

Entiéndeme, que saltaba nadando a otro lugar
hilvanando este con oeste en gran metrópolis,
cuando lo inevitable era impregnarme de tu hogar.

Álvaro Márquez

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