Te amo y te odio, por MARÍA JOSÉ BARROSO – #escritos

Vivimos entre contradicciones, nadie puede negarlo. Pensamos algo y decimos lo contrario; queremos una cosa y hacemos la opuesta. Tomamos una determinación un día y, al siguiente, la cambiamos por otra distinta. “Afirmación y negación que se oponen una a otra y recíprocamente se destruyen”. La RAE define así la palabra contradicción, un proceso del que podríamos concluir que los opuestos se destruyen.  ¿Seguro, siempre? Quizá también nos crean. De nuestras contradicciones salimos y con ellas avanzamos. No siempre por el camino recto, es cierto; damos bandazos por recodos desconocidos o nos detenemos en cruces sin salida, pero continuamos porque no hay más opción; todo nos empuja hacia otra decisión, todo lo que nos rodea nos obliga a dudar entre nuevas elecciones y a contradecirnos una y otra vez.

Leo y escucho cómo nos influyen los otros. Cómo crean nuestras contradicciones. Nos incitan a elegir, nos instan a decidir amores y odios, en el trabajo, en la campaña electoral, en las compras de los regalos navideños, en la vida que anhelas y no alcanzas. Se vierten miles de opiniones al día en los medios, en las redes sociales; apelan a nuestras vísceras, exaltan nuestras emociones. Nos impulsan a decantarnos en favor o en contra. Y allá vamos de cabeza a decidir. Hay que posicionarse obligatoriamente, ¿o no? Tenemos que proclamar a los cuatro vientos si amamos u odiamos a éste o a aquel, si apoyamos tal causa o denunciamos aquella otra. Y nos moldean los sentimientos, nos estiran las emociones y, en esa charca turbia de impulsos oscuros, tenemos que rebuscar una afirmación, una negación, o nada.

La batalla para ser consecuentes entre lo que sentimos, decimos y hacemos es de las más cruentas que libramos cada día. Y al final, parece que gana el hartazgo, ese regustillo de rencor, esa pizca de envidia, que nos lleva a decantarnos por el odio, el griterío, la queja fácil, el “me opongo a todo”. Quizá sea la manera de defendernos de la destrucción de fuera, quizá sea una muralla exterior creada a base de ladrillos de “no”. Quizá dentro gane el cariño por lo nuestro que aún nos sostiene y nos crea: los paisajes cercanos y los sueños intocables.

Ahora pienso así. Quizá, dentro de un rato, opine lo contrario.

Pero lo que cada cual sienta en silencio, eso sí. Eso es lo inmutable.

2014-08-30 19.49.16

María José Barroso

María José Barroso Ha publicado 68 entradas.

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