Tatuadoras – por MARIBEL MONTERO

Nadie sabe cómo empezaron los velos y los desvelos
páramos de agujas, labores
y tantas cajas donde duerme un corazón salvaje.
La abuela tatuaba iniciales en la viuda de Tolrá
la nieta se tatuó un día las entrañas.
Tantas damas avanzando en una perforación sumisa,
¿a dónde llevará?
Por la noche, Penélope desteje, por el día las agujas marcan compases.
Se rompen, nunca se doblan, como cuerpo de madre recien parida.
En el filo del acero las almas se pulen y se oxidan
llenando lienzos aprendices de una luz inmóvil.
Tantas damas tejiendo y destejiendo el aura inaprensible de la abeja reina,
exhalaciones puntuales, plomo en los párpados.
Un sol limosnero baña la habitación de costura,
y enjuaga las paredes de golondrinas reclusas.
La belleza algunos días besa en la frente a sus niñas mimadas,
entran y salen mariposas al olor de las natillas, se posan en cicatrices bordadas.
Tanta virtud con calles que dan al norte
pechera blanca almidonada, tropiezo en las uñas largas.
¿Será el vuelo una cuestión de voluntad? ¿Será un capricho de cerezas para los dientes? ¿Se volverá pájaro la jaula?

 

Maribel Montero

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