Superficial, por JAVIER PECES – #escritos #opinión

Una mala noticia para quienes han encontrado el camino del éxito en las redes sociales. Lo sé, y lo siento. Soy pájaro agorero y despertador de conciencias dormidas. Estabas tú más a gustito que un torero balbuceante que, tambaleando de fiesta y ebriedad, se cree merecedor de estar en la línea sucesoria del mismísimo Camarón. Y llego yo, pobre diablo, y me declaro en posesión y usufructo de la máquina de remover conciencias con su correspondiente manual de instrucciones.

Lamento comunicarte que todos esos seguidores, amigos, fans, fanboys, fangirls, fanwhateveres, favoritos, favoritistas y favoritantes huirán en tropel si tienen que poner un sólo céntimo para el apoyo de tu causa; por mucho que muestres tus encantos, sean los que sean, a la concurrencia. Da igual que sea nalga turgente, chocolatina abdominal o pezoncete esquivo. Mucho de jijí y mucho de jajá. Pero amigos, lo que se dice amigos de los buenos, tienes tres, o dos, o uno o ninguno.

Lo que demuestra, cómo no, que la diferencia entre el mundo cibernético y el real, por llamarlo de algún modo, es NINGUNA a estos efectos. Es verdad que en otros ámbitos no se aplica esta regla. No es posible, por el momento, quemar neumáticos en un muro de facebook ni tocar cacha en la foto de perfil de esa tuitera descocada que solea sus encantos frutales para deleite del público en general. Están en ello los gurús de la realidad virtual, pero les queda un trecho. Como dicen ellos, ese delirio está todavía en beta. O sea, que de momento no.

Puedes probar, como hacen tantos, a intentar trasponer la vida virtual al mundillo de lo tangible. Escribe un libro. Cuelga la obra en formato electrónico y pide ochenta míseros céntimos por descarga. En general, ni uno. Sólo la poderosa maquinaria de la mercadotecnia editorial tiene noticia y manejo del misterioso arcano de las ventas. Ya puedes ser el bendito genio del siglo de oro. No vendes ni una escoba, salvo que pongas poderosas contrapartidas a la compra.

Lo raro, voto a bríos, es que no se pase la moda del dos punto cero, tal y como vaticinaron esos rancios políticos de las asesorías verbales a cinco mil euros mensuales. Igual resulta que esto sirve para algo más que marranadas, rojeces y bajadas de música y películas gratis total. No va a ser suficiente esa mordaza, por muy apretadita que nos la pongan, para quitarnos la manía de pensar por nuestra cuenta.

Menos mal que está el fútbol y una buena corrida. Y los toros.

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Javier Peces

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