Sueños, deseos, ilusiones y esperanzas

Lo siento, sé que no debí haberlo leído. No era mi intención, ya me conoces.
Deambulaba por la casa, como hago últimamente; nerviosa, como gato enjaulado buscando algo… Una pista que me ayudase a resolver esto de una vez. Sabía que en estas cuatro paredes que tanto nos conocen, que han sido testigos mudos de mis lágrimas, encontraría la respuesta, y fue entonces cuando vi la nota. Enterrada entre un montón de papeles desordenados, en tu carpeta verde.
Era un papel más, algo que seguro ni recuerdas haber escrito, pero ya ves, ha pasado mucho tiempo desde entonces y ahora, la protagonista, lo está leyendo emocionada. Déjame que te transcriba unos párrafos para hacerte recordar:

“… amor, ¿me dejarán llamarte amor? Porque eso es lo que eres, mi gran amor. Por fin has llegado, has tardado pero ya estás aquí, dentro de mí, como un milagro. Tu padre te habla cada noche, hacemos planes sobre tu futuro, tu nombre, la decoración de tu habitación… Todo gira en torno a ti, personita pequeña. Nunca pensé que mi amor por él pudiera engrandecerse, y ahora puedo afirmar que se ha multiplicado. Soy feliz por tenerle, por tenerte, por ser tres. No sé cómo voy a poder aguantar la espera de nueve meses para verte…”

Durante todo este tiempo no me lo has puesto fácil y nunca te he pedido nada, he sido una hija ejemplar, pero ha llegado el momento de decir ‘basta’ porque yo también tengo un deseo, un inmenso deseo: poder disfrutar de mi padre sin tus reproches, sin tus malos gestos, sin tu rencor. Necesito encontrar en ti algo, aunque sea minúsculo, de lo que te hizo ser un día la mujer excepcional que me dice él que fuiste. Creo que me lo merezco mamá.

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Natalia García

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