Su hogar – por LOLA SÁNCHEZ LÁZARO #EspañaenRetales #CatalinadeAragón

La Alhambra se erguía majestuosa, sus palacios de mármol rodeados de limoneros y arrayanes, el sonido del agua reverberando con sutil elegancia por jardines y habitaciones; el hogar de Catalina durante los dos últimos años pasaría a ser solo un recuerdo cada vez más difuminado en la nebulosa de su memoria. Los aromas que la acompañaron desaparecieron, su destino fue elegido por sus padres, nada extraño en la época; planeaba sobre todos el afianzamiento de las relaciones internacionales.

Aunque la esplendidez de la Alhambra con sus colores y sonidos la arropara, con sus palacios, jardines y parques, bañada por una cálida luz que tornasolaba las imágenes, como si fuera un caleidoscopio, los días tornaron tristes. La corte ya no era un lugar alegre, las ausencias eran  un lastre demasiado pesado, una angustia que oprimía el pecho hasta causar un dolor inhumano.

Uno tras otro, los hermanos con los que Catalina creció fueron marchando. Isabel falleció en el parto de su hijo Miguel; Juan, el “ángel” de la reina, el heredero que uniría los reinos de Castilla y Aragón, murió prematuramente; su hijo póstumo lo hizo al nacer.

El consuelo residía en aquel bebé nacido de rey luso, la mirada puesta en él como sucesor. Pero la muerte es caprichosa, entra sin pedir permiso, con alevosía y premeditación, como un ladronzuelo, devastando a su paso lo que encuentra. Tampoco respetó a un niño de apenas dos años, lo llevo consigo, lo arrancó de los brazos de su abuela materna.

De Flandes llegaban noticias alarmantes; el estado mental de Juana y el maltrato de Felipe el Hermoso, escarbaban un poco más en la herida.

María, la que más unida estuvo a Catalina, partió a cumplir sus compromisos; tras la muerte de su hermana Isabel, ella ocuparía su lugar en el trono de Portugal.

El negro cayó como una pesada piedra sobre aquellos corazones, sobre todo en el de la reina, incapaz de afrontar tanto dolor. Granada, la ciudad de las doscientas mezquitas, lloraba el vacío, el semblante tornó triste, la algarabía se convirtió en murmullo. Un brochazo lóbrego se extendió por todos los rincones.

Y se llevó a Catalina lejos, muy lejos de su amada tierra. El 21 de mayo de 1501, una de las últimas princesas de la Alhambra  partió hacia el puerto de La Coruña. Inglaterra esperaba.

 

Lola Sánchez Lázaro

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