Soy del revés, mi revés – por DANIEL CARAVELLA

Apostado en un incierto espacio y con una postura también incierta, desmadejaba sus pensamientos. No sabía de dónde era, ni lo que hacía. Lo cierto es que siempre estaba. Unas veces con ropa, otras sin ella. Con los pelos revueltos, o repeinado como un San Luis. En lugares conocidos, o completamente ajenos a su saber. Lo más preocupante era ignorar cómo lo hacía, cómo aparecía desnudo, o cómo, al cabo de un rato aparecía completamente vestido. ¿Cómo lograba cambiar del espacio de azulejos blancos con cenefa azul añil, al de cama con lámparas y mesitas, de puertas de armarios y mesa de escritorio?¿Cómo aparecía al fondo de las puertas que se abrían automáticamente y que en su interior tenía unos botones que pulsar?¿Cómo se encontraba de repente cómodamente sentado en  un habitáculo reducido, viéndose únicamente un rectángulo de cara, ojos y nariz? Pero lo más inquietante: ¿cómo hacía para, sin saber de dónde, juntarse con otros que al igual que él hacían gestos, levantaban un brazo u otro, sonreían, se daban la mano, abrazaban, o se besaban?

Siendo más joven había intentado comprobar si en alguna ocasión no aparecía. Daba igual porque lado, ni la velocidad, ni las veces que se agachase y luego se levantase, al final siempre estaba allí, fuera con el gesto que fuera. No tenía que preocuparse por correr, daba igual quedarse o estar en cualquier sitio, lo había comprobado en un montón de ocasiones, hiciera lo que hiciera, cuando tocaba, aparecía puntual sin fatigas.

Había intentado acercarse mucho para ver si conseguía más información pero nada. Intentó seguir con la vista su cuerpo, pero una vez pasado el rectángulo maldito, tampoco. Un desastre. Caviló mucho tiempo al respecto, incluso aún sigue intentándolo, pero da lo mismo. En breve, cuando deje de escribir y se apague el ordenador, se que se aparecerá, y que con su mano izquierda se hará desaparecer. Pero seguirá sin saber cómo narices hace para llegar hasta el cubículo que le muestra sus ojos de forma rectangular, o cómo aparece vestido ora desnudo en la habitación de cama, mesillas con lámparas, armarios blancos y mesa de escritorio. Eso sí, es zurdo, su ojo izquierdo es más pequeño, y su oreja izquierda está más baja.

 

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Daniel Caravella

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