Son simples olas, por ELENA SILVELA #misescritos

La vida misma, olas furiosas tras las que se suceden olas suaves. Mar de fondo con rachas de gran marejada y otras de calma chicha en que nada parece cambiar. La mente al ralentí se contagia pronto, aluvión de inactividad, pensamientos de mero instinto. Sobrevivir. Media vida sobreviviendo. Simpleza penosa. Supervivencia casi senil.

Fronteras que se traspasan y ya no hay vueltas atrás. Acciones lejanas y perdonadas tras las que la normalidad resulta ser un personaje de rostro desconocido. Desdicha sucedida por calma, a continuación euforia, la temida euforia que generalmente desemboca mal. Los ojos siempre alerta, los sentidos abiertos, los brazos en permanente disposición de abrazar. Un continuo aprendizaje, una repetitiva llamada de humildad. Un error tras otro. Algún acierto. Personas para recordar. Amigos a sostener. Infinitas ilusiones, millones de sueños nunca hechos realidad. La esperanza que jamás muere, a pesar de todo y de los enemigos.

Aprender. Aplicar. Desaprender. Mil pasos atrás. Impulso. De nuevo. Cuántas olas sin aire. La pregunta que aterroriza aflora tarde o temprano. ¿He hecho algo bien?

El poema tardío. Mi poema, al fin y al cabo.

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.
“Autobiografía” – Luis Rosales

 

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Fotografía de Elena Silvela

 

Elena Silvela

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