Sombras y niebla

 

La melancolía invade
las aceras y los parques
como una niebla tupida
que se vierte en la ciudad.
Con abrazo ceniciento
se introduce en las viviendas
como un halo vaporoso
que sume en mustio letargo.
Huecos días recurrentes
desmantelan el mañana.

Peatones deambulan
suplicando una mirada
como naves extraviadas
en mar carente de estrellas.
Mendigos de abrazos cálidos
y de un viento de cariño
como espectros vagabundos
en busca de cementerio.
Se extiende la soledad
contagiando a los más débiles.

La esperanza escapa rauda
de las almas de los hombres
como los globos perdidos
que la ciudad sobrevuelan.
En la línea de cielo
se apaga el atardecer
como un telón que desciende
al finalizar la escena.
La noche será más larga
bajo la ausencia de sueños.

Los amores mercenarios
se esconden en las esquinas
como tropas abatidas
por obra del fuego amigo.
Habitaciones baratas
donde el amor se simula
como guiñoles de títeres
con una trama infantil.
No hay perdón para ninguna
de esas rotas marionetas.

Las avenidas desiertas
invocan la luz de estío
como perros callejeros
sin un lugar de retorno.
Solamente los semáforos
continúan su rutina
como firmes centinelas
altivos en sus garitas.
Las farolas al contrario
parecen morir silentes.

Las semillas del futuro
se pudren en el presente
como llama que se extingue
al final de la pasión.
Nadie pudo prevenir
el aliento del vacío
como cuando se contempla
por primera vez el mar.
La ciudad suspira débil
bajo la melancolía.

La niebla de la tristeza
pavimenta ya las calles
como el desfile glorioso
de un ejército invasor.
Lejos quedaron los tiempos
de la risa bajo el sol
como el recuerdo difuso
que queda después del sueño.
Y una niña con coleta
deja caer su muñeca.

Pablo Rodríguez Canfranc

Pablo Rodríguez Canfranc Ha publicado 806 entradas.

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