Sólo los niños vampiro tienen miedo en Transilvania – por RAFAEL DE LA TORRE

La madre desea que el pequeño regrese a casa  temprano para que celebre el cumpleaños con los amigos y, para convencerlo, utiliza todas las artes ocultas que conoce. En vano.

Pobre ingenua. Todo el mundo sabe que ningún vampiro en su sano juicio abandona su ataúd hasta el anochecer. Aunque le ofrezcan para merendar delicioso zumo de tomate fresco — eso explicaron al resto de los tiernos infantes para que no se asustaran al ver sangre “O negativo”, la más apreciada por estos lares — en lugar de chocolate caliente, tarta y huesos de santo.

Cuando el reloj señaló las doce de la noche con tétricas campanadas, el pequeño Drácula tomó su capa y voló al hogar desde la cripta. Cenó los restos del festín solo frente al espejo pues ya era tarde para la fiesta. Ni el reflejo le acompañaba y los chavales de Transilvania habían regresado hacía horas a sus domicilios y dormían tranquilos sin creer aún en monstruos ni en cuentos de miedo.

 

Rafael de la Torre

Rafael de la Torre Ha publicado 85 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *