Sólo dormir – por EVA MARÍA CASTILLO #relatos

Sólo quería dormir, dormir para no pensar, cerrar los ojos sin moverse no fuera que comenzara de nuevo.

Los últimos días mantenía cerrada la ventana, sin poder impedir que la luz del nuevo día le hiciera recordar el curso de las horas que seguía a la espera de su decisión, se había dicho que sí y repetía, ¿sí, verdad?

Se miraba decidido al espejo ensayando la respuesta, quién sabe si soñando enfrente, quién sabe si temiendo despertarse, como él, que ahora le decía que no, mejor no, a perder su autonomía, sus manías, su forma de hacer, tener que preguntar, que preocuparse, que estar pendiente. Y se enfadaba por no ver en el espejo un apoyo inconfundible a las razones buscadas.

Llevaba ya tiempo lamentándose de sus días y no reconociéndose en su reflejo que ahora le traicionaba, se frotaba los ojos para discernir, ni el agua fría le devolvía la respuesta a su decisión, repasaba una y otra vez los motivos, y le devolvía excusas, le explicaba las ventajas y él le sonreía con inconvenientes. Así no había forma, se dijo, qué hago aquí delante de éste que se me rebela, qué sabrá de la vida, acaso no había sido claro, ¿sí, verdad?

Sólo cuando el espejo se empañaba podía descansar por un momento de este diálogo solitario, dejaba de tener enfrentada su mirada, su mueca de desobediencia, su rebeldía por la decisión consensuada y se erguía victorioso, hasta que de nuevo veía nítida su respuesta, mejor no, verdad?  No a perder los gustos, a pedir permiso, a compartir rincones, cajones y planes, no a hacer sitio y apresurar los sueños, a ceder momentos y negociar colores.

Y volvía a querer dormir, sólo dormir para dejar de escuchar sin palabras, mejor no, ¿verdad?…Por qué no, se enfadaba, si tenía ganas de sentir, de salir, de empezar,… porque sabía de aquí para atrás lo que era, y de la ventana hacia afuera todo por escribir, de nuevo un sí, verdad?
Podría olvidar alguna vez terminar sin preguntar, sin incluir la realidad,  sin pausa para la duda.

Entonces él se callaba como quien no ha dicho nada. Y empezaba a mirarse esperanzado, confiado en su afirmación, viéndose ya compartiendo la vida, decidido a dar el paso, sonreía por haber tardado en darse cuenta que era eso lo que quería, ¿sí, verdad?
De nuevo tembló, no podías haberte callado en tu pregunta tras mi respuesta.
Y apagó la luz para no verse.

Eva María Castillo

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