“Solaris” – LA SECTA DEL LIBRO. Crónica de Pilar Rubio

 

La Secta del Libro celebró su XIII Reunión para comentar el libro “Solaris” de Stanislaw Lem, en la edición de Impedimenta, propuesto y defendido por César Nistal.

Es obligado comenzar hablando la cena, de la que hay que destacar sin duda el tartar de atún rojo y aguacate de la factoría Huerga, así como la empanada Armengot, sin desdeñar tampoco la ensalada Silvela, o los ya tradicionales lacón y jamón aportados por Pedro Pablo Miralles y César Nistal. El albariño Reboraina acompañó perfectamente las viandas y soltó las risas y las lenguas, convirtiendo la reunión en algo tan divertido como siempre.

Entre amenazas de lluvia y buen humor, abordamos después el comentario de “Solaris”. Desenfundó primero César Nistal que, coherente con su carácter rebelde e imprevisible, se negó a hacer una semblanza del autor o de la novela y  nos hizo recorrer los grandes hitos de la ficción científica, que utiliza el ambiente futurista o científico como un pretexto, un marco en el que enfrentarse a las paradojas y contradicciones de nuestro mundo occidental. Se centró después en su interpretación personal de esta novela. Esta interpretación, de más está decirlo, tampoco coincidía con las que habitualmente podemos leer sobre ella. Para él, “Solaris” trata fundamentalmente sobre la culpa. Claro que dice algo sobre la incomunicación y esas cosas en que insisten los demás, pero sobre todo nos habla de la culpa. Culpa en sus personajes humanos, todos con algo terrible que ocultar. Los detalles como la mujer negra y gorda o el sombrero de paja, le añaden un punto grotesco, de vergüenza y humillación a los “pecados” de estos personajes.

Lo cierto es que Solaris se presta como pocas historias a la lectura por capas y a la interpretación por parte del lector, y desde nuestro punto de vista, ésa es una de sus grandezas. A modo de test de Roschard, cada uno de nosotros proyectamos en Solaris lo que quisimos o no quisimos ver.

Para los defensores de la novela, “Solaris” habla del cerebro como soporte del Ser -ahí queda eso-, de la incomunicación en los lenguajes, de lo inconcebible que resulta cualquier inteligencia distinta a la nuestra, del aislamiento, de la naturaleza del amor, de la angustia que acumulan los recuerdos, de un Dios centroeuropeo, infantil, incomprensible e imperfecto, que juega con nosotros no sabemos a qué. Ni siquiera si juega. Ni siquiera si piensa.  

Para el sector crítico en cambio es un libro imaginativo, claustrofóbico e interesante pero poblado de descripciones prolijas y aburridas. Para este sector lo mejor de la novela fue la tertulia posterior que desde luego dio mucho juego. Quizá fue nuestra inclinación a la reflexión intensa y trascendente. Quizá fue el albariño en una tarde bochornosa de verano.

Por mi parte, no he podido evitar pasear un poco por Internet y averiguar algo más sobre el autor y la novela.

Stanislaw Lem nace en 1921 en Lwow, Polonia, que tras la segunda guerra mundial pasa a formar parte de Ucrania, y muere en 2006 en Cracovia, Polonia.  Cuando Lem nace sólo hace tres años que ha terminado la Gran Guerra  y que su ciudad natal no forma ya parte del imperio austrohúngaro. Éste, siendo una aglutinación de naciones de diferentes credos y lenguas, tiene paradójicamente unas características muy comunes en cuanto a la cultura que produce.

Publica “Solaris” en 1961.

Me llamó la atención también la diferente procedencia de los apellidos de los personajes y el nombre de la “rediviva” de Kelvin, Harey.

Kelvin, nombre del narrador, es de origen inglés, lord Kelvin definió la escala de temperatura que lleva su nombre. Su personaje es quizá el menos “problematizado”, el único que acepta sin demasiados traumas su pasado y se enfrenta a la situación desde una postura más experimental, más empírica, observando, sometiéndose a la realidad que vive.

Snaut es una palabra danesa que significa pobre, escaso, mísero.

Gibarian es una palabra sajona antigua que significa explorar, lanzarse a una búsqueda. En el libro, su papel es el de pionero, el mentor de Kelvin.

Sartorius, es el más rígido, el más “perfectamente militar” de todos. Su nombre no tiene otra acepción (al menos para Internet) que el músculo sartorio, el músculo más largo del cuerpo humano.

Harey no existe como nombre en ningún idioma. Podría derivarse del hindi, Hare, que se utiliza comúnmente en  mantras para designar e invocar a la energía de Dios. Como sustantivo también significa liebre, conejo, veloz.

Quizá los nombres fueran elegidos por Lem de acuerdo con las características de los personajes, pero podría ser un lío mental más de parte de nuestra Secta. O podría tener un sentido. Desde luego daría para media hora más de charla y otra copa de albariño.

En resumen, “Solaris” es un gran libro, uno de ésos que parecen haber sido creados para leer y comentar después largo y tendido con un grupo de amigos encaprichados con la literatura.

Después de esa tertulia, quizá se entienda un poco mejor la novela, quizá no, pero lo que es seguro es que se entenderá mejor uno mismo y lo que en realidad quiere encontrar en lo que lee.

solaris

 

Pilar Rubio

Pilar Rubio Ha publicado 58 entradas.

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