Sobredosis de memoria – por ELENA SILVELA #misescritos

El órgano más complejo y desconocido del hombre, encargado de hacer que todo el cuerpo funcione de forma correcta, es el cerebro. El centro de control del edificio humano. Emite señales y las recibe, para transformarlas en otras. Controla y distribuye las funciones del cuerpo con mayor precisión que el mejor reloj suizo.

La curiosidad más sorprendente del cerebro es que, en sí mismo, no puede generar dolor. El cerebro no duele. A cambio, es el encargado de hacernos sentir el dolor en el resto del cuerpo. Su actividad se desarrolla principalmente en los momentos de sueño. Cuando el resto del cuerpo disminuye hasta alcanzar mínimos de actividad durante el sueño, el cerebro aumenta la suya.

Técnicamente, el cerebro humano tiene la capacidad de almacenar todas las experiencias, todo lo que ve, todo lo que oye y todo lo que siente la persona portadora de tan ilustre órgano. El gran problema a nivel de consciencia es recuperar toda esa información para rememorarla. Para recordarla. La mayoría de las personas no puede recuperar más que un pequeño porcentaje.

Como en todo, hay excepciones a esta generalidad. Es el caso de Jill Price, la mujer que no podía olvidar. Sorprendió mucho a científicos y no científicos en el año 2006 cuando se publicó su caso en la revista Neuroscience. La memoria de Jill Price era extraordinaria, podía recordar cada uno de los días de su vida desde que tenía 14 años de edad. Su síndrome de sobredosis de memoria se denomina hipertimesia. Proviene del griego hyper (superior a lo normal) ythymesia (memoria).

Cuenta Jill Price que todo comenzó con 8 años, cuando su familia se mudó a Los Ángeles. Empezó a notar cambios vertiginosos en su memoria. Reconoce que el trauma que supuso la mudanza hizo crecer en ella una especie de obsesión por no olvidar el pasado. Por recordar a sus amigos y lo vivido con ellos. Los expertos creen que es muy posible que el trauma de trasladarse y perder amigos y el primer hogar pudiera haber provocado cambios permanentes en su cerebro aún infantil.

Es a partir de los 14 años cuando sus recuerdos comienzan a ser “automáticos”. La memoria de Jill Price funciona de manera descontrolada y automática. Los recuerdos simplemente aparecen en su cabeza, algunas veces cuando alguien menciona una fecha o un nombre. Su mente revive ese instante “tal y como lo veía ese día” y rápidamente salta a otro; y de ahí al siguiente.

No todo es color rosa. No. Al igual que recuerda los momentos felices, Jill puede rememorar todos los errores y todas y cada una de las situaciones desagradables de su vida; esas que un individuo normal trataría de olvidar. Lejos de considerar su habilidad una bendición, la considera una maldición; y debido a ella ha sufrido depresión durante varios años.

Los científicos todavía no han encontrado una explicación definitiva para la sorprendente memoria de Jill. Los escáneres cerebrales parecen indicar que algunas partes de su cerebro son tres veces más grandes de lo habitual. Estas áreas son el núcleo caudato y una parte del lóbulo temporal encargado del almacenamiento de hechos, fechas y eventos. Estas dos áreas podrían estar trabajando juntas, en el cerebro de Jill, de una manera desconocida hasta la fecha. Están ambas áreas relacionadas con los trastornos obsesivo-compulsivos. De hecho, el cerebro de Jill tiene un cierto parecido con el de las personas que sufren este trastorno. Ella misma no cree que sea una mera coincidencia el hecho de su afición por coleccionar recuerdos, uno tras otro.

La memoria prodigiosa y exhaustiva no parece sumamente beneficiosa. Gayatri Devi es un psiquiatra de Nueva York, experto en memoria. Explica muy bien los beneficios de olvidar. “Nos hemos obsesionado tanto con la memoria que hemos demonizado el olvido. Pero si no olvidáramos, recordaríamos todo tipo de información de nuestra vida y nos ahogaríamos en un mar de ineficiencia”.

Elena Silvela

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