So sweet my little girl – por PABLO RODRÍGUEZ CANFRANC

La ciudad que vivirás, mi pequeña,
no es la ciudad en la que ahora escribo
ni tampoco aquella otra tan brillante
que acogió mis largas noches románticas.

Ahora aún eres un bebé risueño
tímidamente adentrando tu ser
en un paisaje nuevo y misterioso
que se plasma en tu mirada curiosa.

Todavía queda lejos, muy lejos,
el día en que las raíces urbanas
se enrosquen en tus miembros convirtiéndote
en testigo vivo de tu momento.

Aunque es pronto aún, llegará tu mañana;
un tiempo de plenitud y alegría
te fundirá con la gente, tu gente,
en un abrazo de risas y música.

Sólo entonces el escenario urbano
reajustará sus luces y sombras
configurando un entorno entrañable
que te acogerá en su matriz de asfalto.

Yo ya no comprenderé tu ciudad,
de hecho no comprendo ésta en la que vivo,
pues todas esas personas de antaño,
lo dijo Neruda, no son las mismas.

Desperté un día con todo cambiado:
como si hubiese pasado años fuera
volviendo convertido en un extraño,
inmigrante en tierra desconocida.

El tiempo se me escurrió presuroso
como la arena fina entre los dedos
velando en color sepia mis recuerdos
y callando la música en las calles.

Pero tu ciudad te aguarda escondida
conjurando otros tiempos por venir
que la primavera devolverán
a los rincones y aceras desiertas.

Tu ciudad, mi pequeña, emergerá
como una inmensa burbuja de luz
inundando vuestras almas y mentes
con ríos de radiantes amapolas.

20150226_084908

Pablo Rodríguez Canfranc

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