Sin fuerzas – por LOLA SÁNCHEZ LÁZARO #EspañaenRetales #CatalinadeAragón #fin

La reina se dispuso a jugar sus cartas, no consentiría convertirse en princesa viuda ni que su hija portara el estigma de la bastardía. El cardenal Wolsey y el rey la habían subestimado, la separación fácil y discreta que Enrique pretendía se deshilachaba, la estrategia de Catalina comenzó a dar frutos. Lo que empezó dentro de las fronteras inglesas involucró a las máximas potencias europeas, el Papa incluido. El asunto se trataría en Roma, no se dirimiría en Inglaterra, el rey inglés perdía esa baza. No en vano Catalina contaba con el apoyo de su sobrino, el Emperador y con el apoyo del pueblo inglés.

Todo o nada. Dos jugadoras en una partida arriesgada, solo una de ellas vencería. La ansiedad de Catalina se disparaba, volvía a sentirse como una extranjera en tierras lejanas, aunque confiaba en que Enrique desistiera de su nueva conquista, olvidara el proceso de divorcio y volviera con ella.

Todo o nada.  Bolena presionaba, no admitía ser otro nombre en el listado de amantes reales. Y así fue cómo el rey se comprometió en secreto con ella.

Dos mujeres sobre la mesa de juego, dos grandes rivales apostando al límite.

Seis años aguantó Catalina en un proceso que se pretendía de apenas unos meses; el cerco se estrechaba en torno a ella. Relegada, humillada, alejada de su hija, expoliada, viendo cómo caían cabezas que apoyaban su causa, confinada en casas cada vez más alejadas e incómodas, su fuerza iba debilitándose.

Y Enrique, aquel que había compartido lecho con la reina tantos años, endurecido, con una mano derecha que hacía el trabajo sucio, Cromwell, – que no dudó en mandar a la muerte a cualquiera que se opusiera a Bolena y lo que ella implicaba, incluido el fiel Tomás Moro -, carcomido por la pasión, presionado y expectante, -una invasión del Emperador implicaría una derrota catastrófica- , engrasó todos los mecanismos a su alcance al conocer la noticia del embarazo de Ana en la Navidad de 1532. El mes siguiente, Enrique se convertía en bígamo al contraer matrimonio con su amante. El Papa no iba a concederle el divorcio, un tribunal inglés dictó sentencia: Para la nueva iglesia de Inglaterra, el matrimonio con Catalina era nulo. La Cámara de los Lores se unió a tal veredicto. Los hijos de Ana heredarían la Corona, María se convertía en bastarda.

Y Catalina cayó. Su resistencia llegaba al fin del recorrido. Con 50 años, enferma, sin fuerza para levantarse de la cama y sin poder volver a ver a su querida hija, no aguantó. Cerró los ojos e hizo un recorrido inverso de su vida; pidió por su marido, rezó por su hija, se recostó en el seno de La Católica, dibujó su niñez en su  querida Alhambra, aquel lugar donde fue feliz.

El 7 de enero de 1536 moría Catalina, la gran reina española de Inglaterra.

Pocos meses después, su gran rival sería decapitada.

 

Tumba de Catalina de Aragón, Reina de Inglaterra

 

 

 

Lola Sánchez Lázaro

Lola Sánchez Lázaro Ha publicado 74 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *