Siete maneras de mover las manos – por PILAR RUBIO

Manos que no se mueven. Sólo un momento antes sostenían un cigarro, se dormían escondidas en bolsillos de aquellos pantalones, se estrechaban con manos compañeras. Pero se detuvieron. Y ahora, desmayadas a los lados del hombre tirado en el asfalto, ya no ejercen de manos, tan solo forman parte de un cuerpo derrumbado de pronto en su camino.

 

Manos profesionales, preciso cada gesto, fingiendo que otras manos no pueden afectarlas. Reconocen el vértigo ante la quietud, lo afrontan como siempre, y conteniendo la rabia, presionan sobre un pecho, manejan aparatos, intuyen que no sirve, quieren volver a un tiempo en que todas las manos aún vivían tranquilas.

 

Manos que refugian su terror entre brazos cruzados, sintiéndose inútiles. Esperando que todo termine y puedan moverse de nuevo, distraídas en sus cosas de siempre. Ya llegará el momento de agitarse, contando a manos no presentes, la escena que vivieron desde el pliegue de un codo.

Manos abrumadas que aún sueñan dar la vuelta al destino. Se niegan a rendirse, se entrelazan, retuercen, esbozando plegarias rebeldes y obstinadas.

 

Manos que se abrazan ocultando la cara. Notan la sal y el agua corriendo por la piel. Saben que están cumpliendo su misión más hermosa. Son manos que acarician, protegen el dolor.

Manos que se posan en  párpados, los bajan resignadas, y cruzan las que ayer fueron manos por encima del cuerpo.  Con apenas un toque, les dicen adiós.

 

Manos cuyos dedos corren por un teclado,  hilvanando una historia.

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Pilar Rubio

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