Siempre… Nunca

“Te querré siempre”. “No te dejaré nunca”… frases comunes, refugios y escondites parecidos a los “te quiero”, “te amo”, “te adoro”y “eres mi vida” que llenan y rellenan las conversaciones sin que, al final, signifiquen nada.

El siempre termina en nunca, el nunca en siempre y los te quiero y te amo en nuevos recursos a decir a quien, como novedad, entra en ese recibidor interior -que no vida- que nos hemos creado; esa especie de sala de espera por donde pasan los nuevos, desaparecen los viejos y aún espera algún incauto que cruza los dedos pensado que hoy sí, quizás sí, es su turno.

Siempre es en todo o en cualquier tiempo y nunca… nunca es nunca,  en ningún tiempo o ninguna vez. Palabras y conceptos claros, absolutos y excluyentes que, sin embargo, en estos tiempos superfluos y extraños nos empeñamos en aligerar haciéndolos tan temporales y compatibles como nuestros gustos de consumidor compulsivo.

¿Qué más da siempre que nunca?, ¿sí o no?… qué más da cuando no hay criterio y todo se mide en instantes finitos que una vez agotados son tan fáciles de olvidar como poner a cero el contador. Nada pesa en la balanza ni en la mochila, se pasa a prisas una escoba, si acaso una fregona escurrida que refresque algo la estancia y borre las pisadas del último visitante, del último dueño de los siempre y los nunca, de los “te quiero”, los “te amo” y “te adoro”… y ya está todo listo para el siguiente.

Nos hemos acostumbrado tanto a consumir, al deseo efímero, a la necesidad inmediata y la facilidad del low cost que ya lo consumimos y compramos todo… has las personas. Y así pasan los días, las horas y los años, con siempres y nuncas, con te quieros y te amo dichos como padrenuestros aprendidos de memoria tantos años atrás; mirando hacia otro lado y yendo de oca a oca porque a nosotros nos toca, porque sí: somos jóvenes y sobradamente preparados.

Nos lo han dicho y nos lo hemos creído. Somos jóvenes, por siempre jóvenes, y podemos conseguirlo todo con independencia de que ya peinemos canas, que las arrugas empiecen a notarse o vivamos en perpetua dieta y lucha contra la naturaleza y el paso del tiempo.

Somos jóvenes y como lo somos no queremos complicarnos, no queremos nada que vaya más allá de una película que ver de vez en cuando y soñar con el amor. Somos jóvenes y queremos salir, beber, gustar y follar, seguir sumando momentos y gentes efímeras mientras miramos para otro lado evitando ver los cadáveres y mutilados que dejamos a los lados y, de paso, nuestro reflejo en el espejo; porque el espejo, al final, es lo que es y a él no me duelen prendas al decirnos que ahora somos nosotros aquel del que nos reíamos con 20 años en la discoteca, aquel pobre “viejo” aquejado de #foreveryoung. ¿Qué será de nosotros en 2, 3 o 4 años, cuando ya pongamos un 4 como primera cifra de nuestra edad?, ¿qué será de nosotros en 10, 12 o 14… y el 4 ya sea un 5?… quizás entonces nos demos cuenta que el siempre -el por siempre joven- era en realidad un nunca -nunca lo fuimos en realidad- y que, al final, nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto.

We are young

Emilio Pardo

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