Sí, pero no… – por MARÍA JOSÉ BARROSO #escritos

La inercia de los meses pasados trabajando en una biblioteca me ha dejado un poso de pereza a la hora de juntar letras y mi ánimo se decanta por perderse en la delicia de degustar otras letras escritas con atinada inteligencia. Acabo de cerrar una magnífica novela firmada por Use Lahoz, “Los Baldrich”, escrita hace ya algunos años, pero que convendría ser recordada porque contiene la historia de una familia a través del tiempo, con sus triunfos y miserias, y su vida podría ser la nuestra en muchos momentos. Los grandes autores (reconocidos, desconocidos o injustamente olvidados) aportan la visión que tantas veces nos cuesta ofrecer de nosotros mismos. Ellos tienen las palabras y la clave para ordenarlas sin que tengamos que hacer el soberano esfuerzo de sintetizar nuestro pensamiento en 140 caracteres o extenderlo sin medida en un intenso y apasionado novelón que dé cuenta de nuestros padecimientos diarios, supuestos o reales.

De modo que yo sería feliz regocijándome en esta maravillosa inercia de letras prestadas que acomodan las sensaciones y trasladan las percepciones a una blanca e inmaculada página, sin preocuparme de sacarlas a la luz (y sin que a nadie le importe un bledo, francamente, a lo Rhett Butler) Seguiría feliz, con un café o una caña, según la hora, leyendo los magistrales artículos de Carlos Mayoral (@laVozdeLarra) o los de mi amigo @EduardoLagar en La Nueva España y, por supuesto, me perdería gustosamente y sin GPS por el completísimo universo literario que ha impulsado Arturo Pérez Reverte en Zenda.

Feliz sí, pero…

Decía Francis Bacon que “la lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso.”

Y mis inevitables repasos por la actualidad y las vicisitudes tuiteras me empujan a dejar ordenadas y por escrito algunas precisiones. Equivocadas, viscerales o insustanciales, seguramente, pero aquí van..

Todo el mundo tiene una opinión y el derecho a usarla. Si no estás dispuesto a escucharla, mejor huye a una isla desierta donde las redes sociales aún no hayan hecho un nido en cada palmera.
Todos odiamos algo (o a alguien que nos recuerda a ese algo) No es un juego de palabras; la realidad es que nos mueven las tripas, somos viscerales y egoístas, y muchas veces es una cuestión de supervivencia.
Refugiarse en el anonimato para insultar o cuestionar todo lo que se mueve bajo el sol sirve para escupir frustraciones. Es tan humano como hacer oídos sordos a los anónimos para preservar nuestra maltrecha salud mental.
Contar nuestra vida al detalle porque no existe nada más interesante bajo el sol es igual de humano. Cerrar ojos y oídos vuelve a ser el posible remedio, pero tampoco cuesta tanto atender (un rato) a quien necesita hacerse oír, ¿o no?
Quien esté libre de soledad que tire la primera piedra. Quien no sea capaz de ayudar a otro a sobrellevar el peso de sus respectivas soledades, ya sabe dónde está la isla desierta.
El humor es un bálsamo, pero a veces se retuerce con ironía o deriva en un sarcasmo cruel. Y pierde toda la gracia. En ocasiones veo esos “memes” que mi neurona traduce como “memos”. Muchas risas sí, alarde de ingenio, sí. Pero qué penosa y desperdiciada inventiva.
La crítica deja de ser constructiva cuando se convierte en un dardo que atraviesa la autoestima (llámese el corazón) de otro. Y algunos disparan sin saber lo que dejan herido, mutilado o muerto.
La invasión de las marcas (más temible aún que la de los extraterrestres) ha convertido a las personas en usuarios. Gran error. Nadie está a la venta por querer compartir o compartirse.
Y sí. Estamos en las redes sociales y opinamos (más o menos), pero no por ello dejamos de ser personas respirando sentimientos. Por mucho que nos tachen de usuarios, gente, casta, pueblo, votantes, tribu, tuiteros o el próximo palabro calificativo de cara al 26-J…
Los que se fueron por hastío, cansancio, desamor, insatisfacción o puro desinterés siguen ahí. Los que abandonaron dolidos siguen sintiendo. Los que están en silencio también son una voz. Nunca hay que olvidarlos.
La vida, de cualquier forma y en cualquier parte, somos todos.

 

arbol

 

 

María José Barroso

María José Barroso Ha publicado 60 entradas.

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