Sequía, por JAVIER PECES #escritos

La peor pesadilla del escritor es un papel en blanco, sin ideas para llenarlo con algo distinto de una mancha de café.

El monstruo que habita en la mente del arquitecto también es de colores claros. Un tablero que necesita formas armoniosas y funciones mejor o peor definidas. Un muro ante sus ojos impidiendo que se materialicen.

Al letrado le persigue otra bestia igual de peligrosa. En su caso, llenar papeles no es problema. Ha de hacerlo, eso sí, en estricta concordancia con la Ley, y luego, si se tercia, respetando la Justicia. De la jurisprudencia a los medios de masas, y tiro porque me toca.

El banquero no tiene estos problemas. Su lienzo viene escrito por las debilidades de sus víctimas. Esas que quieren consumir, consumir pero ya, y que siempre pescan en el mar de lo inconveniente. ¡Españoles! -dijo el jerarca- ¡Invertid todos vuestros ingresos en un pisito! ¡Porque alquilar es tirar el dinero! Y ellos, sumisos, compraron barro como si fuera oro y se endeudaron por siempre jamás.

Veamos ahora al agricultor, que alguno queda. La inmensidad es su papel, la azada su pluma, y el abandono su negro destino. Resistió la tentación de emigrar a la urbe y pagó un alto precio por no someterse al hacinamiento urbano. Hoy es pasto de intermediarios y multinacionales. Malvive de las migajas que le deja un sistema corrupto que se entrega con ahínco al fraude institucional.

Hay quien ve en el ingeniero una excepción a la regla del papel vacío. Calculado el momento de inercia, se tiene en pie el mecanismo o no se tiene. Pero no es tan sencillo. En esa España de sus pecados, la pesadilla del profesional de la máquina consiste en que aquí no se diseñan máquinas. O marchas a Alemania, Pepe, o te dedicas a otra cosa.

De los informáticos ni hablamos. Unos porque no tienen más remedio que trabajar en horarios inhumanos. Otros porque son tratados y subcontratados como esclavos, a mayor gloria de intermediarios muy bien relacionados. Los de más allá porque tuvieron que huir del más acá, que contaba los parados por millardos.

Por suerte, este torpe juntador de letras hace un poco de escritor, de arquitecto, de abogado, de ingeniero y de informático. De agricultor no, pero todo se acabará andando. Lo relevante es que, a fuerza de ser flexible y no tener miedo a nada, ha vencido con cuatro tonterías al síndrome del vacío creativo y tiene entre sus manos, menos mal, alguna cosilla tonta para publicar.

¿Miedo? No, lo siguiente. Pero no al papel. A los gobernantes. Esos sí que están en blanco. Salvo en la parte de la cartera, bien repleta de papelitos de colores.

verde pálido

 

Javier Peces

Javier Peces Ha publicado 35 entradas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *