Sentir, sentir, sentir… con una dama de noche – por PEDRO PABLO MIRALLES #escritos

La estaba esperando desde hacía varias semanas y al fin, esta noche, me percaté del intenso aroma que experimenté por primera vez hace muchos años, entrada la noche, en Oaxaca y otros lugares de México. Me la presentaron entonces por primera vez, la saludé con reverencia, alegría, admiración y allí me quedé prendado de ella. Más tarde tuve la oportunidad de volver a saludarla en Utrera, en la plaza Enrique de la Cuadra, en la parte trasera del monumento dedicado a la sevillana Sor Ángela de la Cruz, tan venerada en México. Es algo parecido a las canciones de ida y vuelta, aunque en este caso solo sea el viaje de ida de América a Europa, como tantas otras riquezas de ese gran continente de las que se ha beneficiado la humanidad.

Hace ahora aproximadamente un año, me hice con un pequeño ejemplar de esas damas, que puse en la terraza tranvía de la casa en la que vivo en Madrid. En unos meses creció cerca de dos metros y, con mucho cuidado, esperé pacientemente hasta que hace un par de semanas empecé a disfrutar el aroma de la Dama de Noche, ese arbusto que, si bien no es muy vistoso, florece una o dos veces al año cuando comienza el buen tiempo y suele aguantar hasta el otoño expandiendo con nocturnidad y de forma silenciosa su perfume intenso. De nuevo, detectada su fragancia singular volví a saludarla con mayor reverencia que en otras ocasiones. Como casi siempre ocurre con arbustos, plantas y flores que irradian belleza y aroma, expertos y profanos atribuyen propiedades curativas varias y venenosas a sus frutos. No les hago caso, me limito a disfrutar de la alegría que me produce la olor de la dama, el olor delicado inconfundible que regala a su alrededor por poco que uno se aproxime a ella.

Sentir, sentir y sentir, tan maravilloso como con una Dama de Noche en Madrid o donde sea. La verdad es que uno se siente mejor al disfrutar de la fragancia nocturna de este arbusto. Tan sencillito para cualquiera que se lo proponga, la dama en cuestión, además de generosa en su actividad, solo requiere los cuidados de un riego periódico no excesivo, nunca encharcarla y en invierno hay que evitar someterla a bajas temperaturas.

Sentir, sentir, sentir ... con una dama de noche

Pedro Pablo Miralles

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