Seguiremos pagando los platos rotos

Esta época tiene tintes brechtianos. Parece un negro poema del alemán, escrito con ese lenguaje  familiar e ingenuo  tan característico de don Bertoldo. Porque familiares, y sobre todo ingenuos, somos quienes estamos pagando la fiesta; solo sabemos hacer eso, pagar, callar y aguantar. Afortunadamente, y de eso estoy seguro, acabará tan bien como las últimas estrofas de un romance de Brecht. No por los que “están arriba”, ni por la nueva religión del pensamiento positivo, ni por los cambios de ciclo, ni de modelos productivos, ni por esas zarandajas, gorigoris y sofismas con las que nos intentan epatar sistemáticamente. Será por nosotros.

Por los que somos denostados, inexorablemente, por votar al partido que gana las elecciones, sea cual sea. Nos responsabilizan de los desmanes del  gobierno que recibe el poder gracias a nuestro sufragio. Elegimos a Zapatero para que dejara el país con cinco millones y medio de parados y votamos a Rajoy para que subiese los impuestos y recortase las libertades: nos va la marcha, somos unos masoquistas que siempre optamos por el que más daño nos va a hacer. Los sesudos pensadores y sofistas, especialmente la neo-casta de tertulianos, nos ignoran y desprecian, aunque analizan con  entomológica saña nuestro comportamiento electoral. El voto de la mayoría es el que menos vale.

Es lo único que tenemos, cambiar al que manda cuando llega la fecha. Y aguantar cuernos. Durante cuatros años. Y promesas evanescentes, ideología acoplable, crisis inexistentes, golpes de timón y medias sonrisas más falsas que un duro sevillano. Y falacias. Por toneladas. En las que nos entierran entre eslóganes cortos y fáciles de digerir.

Si esperamos las soluciones de quienes las tienen que dar, vamos aviados. Un tipo con pinta de tendero, al que se le siega la hierba debajo de los pies, recién llegado al poder, intermitente, en el que lleva siglos, que mete miedo cada vez que habla y que nos tiene que sacar de esta. Otro, inexplicablemente nuevo, que ha estado en todos y cada uno de los fregados más oscuros de nuestra reciente historia. Y sus mariachis, los de ambos, que anteponen el hooliganismo de un plato de lentejas sectarias, al sentido común y la eficiencia. ¿Dónde está el Roosevelt que necesitamos? «Y tú más» es el bálsamo de Fierabrás con el que nuestros líderes pretenden sacarnos del pozo.

Pagaremos los platos rotos, también los de esta nueva vajilla y aguantaremos  los insultos a nuestra inteligencia y los reproches que nos lanzan. Iremos a trabajar, quien pueda, o a buscar trabajo, o a pedir para comer, si llega el caso. Hay que alimentar a nuestros hijos y pagar nuestras deudas. No podemos perder el tiempo en tirarnos los trastos a la cabeza ni en gracietas ideológicas. Nos va la vida en ello.

Francisco Navarro

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