Se va haciendo de noche, por PILAR RUBIO – #escritos

En un baño de polvo se elevan las botas deformes, gigantescas, a la luz helada de los focos, arrojando una sombra negra, sin matices. Saltando con nuestros estrafalarios uniformes, así nos vería un mundo a nuestra imagen. Nos cuesta contener la risa casi tanto como movernos despacio, fingiendo ingravidez. Todo está lleno de negro. Un ciclorama sobre un foro de escenario. En la Luna no hay días. Blanco o negro. Sin zonas de penumbra. La Luna es como un queso. Un queso desmigado hace siglos por encima, rallado, Luna en polvo, lista para ser gratinada. Jugamos a ser Dios. Tú cumples siete años. Y tu sueño. Astronautas de atrezzo. Polizones en un plató cerrado. Eso somos por hoy. Escondidos de todos. Mis colegas se ríen mientras graban. Aún guardo la cinta.

-Felipe, deje de escribir por favor, tenemos que cerrar, mañana vuelve, venga- La chiquita rubia, la nueva, mira a Mayte y las dos me sonríen- Nadie le va a quitar ese ordenador,  hombre, apáguelo.- Busco con disimulo mi programa, Smith automatic prayers, catholic, english, endless, doy al enter…. Hasta mañana Dios, no vayas a estar solo.

-Felipe es raro, ¿no?- oigo palabras rubias por la puerta entreabierta.

-Al principio del curso no era así. Hablaba con los otros en el Centro. Pilló enseguida el tema de Internet. Para su edad, es decir, ya sabes- las risas, juveniles, petulantes, estallan en las paredes, contra el techo, rebotan en mis dedos.

-Pero, desde lo de su hijo no es el mismo. Fue tan duro…. estuvo unos meses casi sin venir. Hasta que explicamos el manejo de Internet. Desde entonces anda con sus secretos, siempre sentado ahí, en el mismo ordenador, no acepta otro. Escribe sin parar cosas que no deja leer a nadie- Casi puedo escuchar el encoger de hombros de Mayte.

-Creo que está obsesionado con la Red. Tiene la manía de que puede llegar a cualquier parte, que no hay rincón oscuro para ella. Manías. Pero a él no le hacen daño.

Los adoquines resbalan. Ya dejó de llover. Huelen a soledad y a niebla. Brillan oscuros, insinuando valles, barrancos rellenados de cemento, mares de tranquilidad. Podría sobrevolarlos una nave de un mundo chiquitajo. También aquí, hoy, en la Tierra es de noche. Yo sigo andando, torpe. Como si llevara unas botas deformes, gigantescas. Como en un desierto de polvo y luz helada. Entre las nubes, salió una luna blanca. ¿Donde estarás? En el Mar del Ingenio. Era tu sitio.

Cuando yo te contaba que Dios vive en la cara oculta de la Luna, preguntabas ¿Cómo es Dios? Va vestido de blanco, con bandera de rayas con una esquina azul con estrellitas y lleva botas grandes y un cristal enorme en vez de ojos, donde se refleja la Tierra en pequeñito, y allí estamos tú y yo, pero no se nos ve. Le cabe toda la Tierra en el cristal. Se fue a la cara oculta muy nervioso. Tenía llena de ruido la escafandra. Reproches y exigencias. También ruegos. Pero a la cara oculta no llegaban. ¡Pues yo quiero ser Dios! Cállate niño. No lo digas ni en broma. Y ahora mírate. Quien nos lo iba a decir.

Se me ha caído la llave delante de la puerta. ¡Cuánto cuesta agacharse! Si estuviera tu madre me podría abrir ahora. Y yo tendría una cena. Me miras desde enfrente del espejo, vestido de piloto. Tu primer día de vuelo. Tu sonrisa de orgullo. Más cerca de ser Él.

Es madrugada, hace un calor de muerte aquí en la playa, llegamos anteayer. La que te va a parir no puede ni moverse con su tripa. Le dijeron que va para muy largo, el viaje le irá bien. Pues no parece. Desde el viaje-le-irá-bien vomita y está verde. En la sala de espera de hospital, en la tele, en negro sobre blanco, sin matices, Dios está llevando una bandera de rayas a la Luna. Salta, se mueve muy despacio. Dice cosas que sólo entienden otros. El locutor traduce. Está hablando de pasos. Explica que hay pasos pequeños que son grandes. Entonces naces tú. Y ella se va.

-Felipe, ¿por qué estás siempre solo? Nunca hablas con tus compas de curso- Mayte es cariñosa. Le recuerdo a su abuelo, me lo dijo hace meses. No me atrevo a decirle que me llame de usted- Desde que pasó…. – la frase y la mirada se contienen, se atrancan en sí mismas, abiertas como platos. Es maja, pero le queda tanto por saber- Desde que aprendiste a navegar por Internet, no quieres nada con los demás. Siempre solo. ¿Seguro que estás bien?

No estoy solo, pero ella no lo sabe, y tú y yo no se lo vamos a explicar. Te dejo con Smith y sus plegarias….

Y te siguen buscando. Aún no lo entienden. Nunca te perderías en el aire. Naciste aquella noche. Naciste para esto. ¿Pero por qué te llevaste a los demás? Como todos los dioses, no das explicaciones. No las entendería. Yo sólo soy mortal. Un día, según tu voluntad, aproaste el morro de tu avión hacia la Luna. Para volverte Dios sin escafandra.  Pero ellos no me creen. Y te siguen buscando. ¿Andarás dando saltos con las botas? ¿Habrá matices en la cara oculta, en la noche sin sombra, en el Mar del Ingenio? ¿Te aburrirán las horas? ¿Te entretendrán mis rezos programados?

Hoy no está Mayte. Viene la rubia nueva. Con la enfermera. Alta, gorda y de pelos mal teñidos de amarillo, sus rodillas gordezuelas, con hoyitos como mofletes de niños, andan como si se quisieran besar a cada paso. Le llamamos Ofelia. Ofelia gruñe siempre. Solterona.

-Felipe, sabe que hace tiempo que el doctor quiere verle. Recibimos las pruebas ¿Tiene alguien de familia que venga con usted?- Ni que fuéramos tontos.

– Puede hablar conmigo y con mi hijo- la respuesta ha sonado cautelosa.

-¿Su hijo? No sabía que tuviera otro hijo- Otro, será idiota. Como si se pudieran engendrar dioses por docenas.

– Tengo uno y me sobra. Dígame.

– Esto, bien, mmm, sí. Y ¿Alguien más?- Ofelia está nerviosa, sin gruñir. Si no fuera tan borde, diría que está hasta triste.

– Usted dígame y ya está

– Venga mañana con alguien. Ya le he dicho.

Miro por la ventana. A través del cristal se va haciendo de noche. Según la bata que lleva incorporado a un jovencito, y que refugia su perplejidad tras una mesa, pienso cosas que no son. Algo del cerebro y de unos cuerpos. Y eso que no le conté lo de la Luna. Supe que eran ateos. Tu tía Paula llora, sentada a mi lado. Con lo feliz que vino. Que la dejaba ayudar por fin. Se mete en todo. No es mala gente, pero se mete en todo. Me quieren ingresar en no sé dónde. Que me van a estudiar. Que esté tranquilo. Si yo tranquilo estoy. Pero no pienso ir ¿Cómo hablaré contigo? Hoy recibí un mensaje. No lo abrí. Un gracioso se piensa que soy tonto. Mensaje de Dios ponía en el remitente. Yo sé que no eres tú. Será uno de esos virus. A Dios no se le entiende. No escribe en español.

luna

Pilar Rubio

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