Sangre – por ELENA SILVELA

Me presta Mediobarco una fotografía que descubro en sus archivos por casualidad. Sin rechistar. Dicen que el olfato es el sentido más evocador, pero la vista no se queda muy atrás. La imagen que captan mis retinas es casi infinita. Una secuencia de vivencias, emociones y sensaciones se agolpan en desorden. Quizá lo que detona a tanta velocidad sea lo inesperado. Tenemos un cerebro infinito en potencia y dispuesto a servirnos ipso facto.

Se arremolinan ante mí un sinfín de vidas y momentos. Todo, todo por una cara. Una expresión risueña. Una mirada y un gesto plasmados en una fotografía -fantástica- en que uno reconoce a los suyos. De pronto, recordé mi niñez, y mi juventud, esa tan poco común. Con la inamovible tortilla de patatas de los viernes, para cenar en una mesa ultra elegante con la vajilla azul oscuro y el precio debajo de cada plato. Los comensales exquisitamente elegidos no al azar, sino pretendidamente diferentes para obtener una perspectiva mayor del mundo. Las tertulias entre sabios. El ir y venir de  una comida escasa y un vino de alta cuna. El intercambio de opiniones entre personas tan opuestas que uno hubiera jurado que el comedor podría desmoronarse. Las risotadas, muchas de ellas hilarantes. Los test de personalidad encima del tapete, yendo y viniendo de una mente a otra. Las paredes oscuras, la iluminación escasa que invitaba a pensar y no simplemente a comer. La sopa en los cuencos labrados de mil colores. Las experiencias relatadas, el diálogo absurdo. El humor como bandera y la cultura como identidad común. El afán por saber. Precios en los cuadros, precios en los objetos. Guiños a la locura, retándola. Una anfitriona tan peculiar como atrayente en una casa que uno hubiera tomado por bazar, o por museo, o por un poquito de ambas cosas.

Pues sí, los de la misma sangre nos reconocemos al instante. Más si esa sangre es profunda y de carácter. De las de huella indeleble, como perro de pura raza con rasgos sobresalientes. A cada paso que doy se me olvida quién soy y de dónde vengo, hasta que alguien viene a recordármelo. Hoy has sido tú, sólo me faltaba oírte hablar en esa fotografía.

 

 

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Melchor Miralles.- Fotografía de Mediobarco, perteneciente al Calendario solidario de ASPADO (Asociación de Pádel para Todos)

Elena Silvela

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