San Valentín – por RAFAEL DE LA TORRE

Hará unos veinticinco o treinta años se pusieron de moda los Zippos, unos chisqueros americanos que funcionaban con una mecha que se encendía al generar una chispa por el rozamiento de una piedra. Hace tres por San Valentín mi novia de entonces me regaló uno con las letras NY — New York — grabadas en plata, y yo le obsequié un buen libro. Aunque ella no ha leído la novela, he de decir que a mí me encantó y sigo sin fumar. Es sólo un ejemplo: he fracasado con ropa, cuando no gusta el color, es de otro estilo y si no la talla o incluso la alergia a la lana; perfumes, muy caro, muy barato, muy del estilo de tu madre o de tu ex; cenas románticas, viajes acordes a mi presupuesto… Por no hablar de las descompensaciones, del “sorpresa, una flor” por mi parte contra un ordenador personal por la suya, etc. Tengo la triste impresión de que sólo acerté el año pasado y es porque estaba sin pareja.

Vaya por delante, bueno ya por el medio, que con las anteriores experiencias me generan urticaria las fiestas comerciales, los Papás Noel, los Reyes Magos, días de la madre, padre, hijos, hermanos y los San Valentín. No me atrevo a decir que habría que matarlos a todos por temor a que algún tribunal regentado por un juez cabreado por un mal regalo me acuse de incitación al odio y acabé en la trena durante una temporada. Siendo optimista, siempre cabe la posibilidad de que coincida con algún corrupto de verdad, así aprendería a realizar regalos de los que a todos gustan.

 

Rafael de la Torre

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