Salto – por JUAN CARLOS VIVÓ

A Luis Martín-Santos, maestro.

Hay que saltar como sea. Te la puedes dar, pero hay que saltar, no queda otra. La verdad es que estoy tranquilo, pero acojona pensar en si me caigo. He subido demasiado para un día. Es lo que pasa cuando se está tan calentito en el refugio, que te duermes y sales a las mil y gallo. Mira que he andado, me he agachado, estirado, pegado a la pared, me he arrastrado como las culebras por ese jodido pedregal empinado. Cada vez que pisaba se iban todas las piedras a tomar por culo… Pero esto está alto, coño, muy alto, quizá mucho para un día, aun madrugando.
¿Y si me quedo aquí, quieto? Pues que se hará de noche, seguro y puede que caiga un turbión, que aquí las nubes se juntan en un redondel y se monta un pifostio que no veas.
Pararte es malo; seguir, peor; bajar, lo último. Pegártela, seguro. ¿Qué hago? Ya me dijo Manuel que no subiera que solo, que llevase cuerda y piolet, martillo y agarres, pero nada, con un par, aquí, el presente, a pelo. <>. Y tú, que no, que no sirve para nada, ya sabrás de mí…
Si vuelvo sin hollar cumbre, Manuel se cachondeará de mí, fijo. <>. Y se va a montar, lo estoy viendo y no quiero. Un palo le doy. Se va a montar.
Venga, majo, que son dos metros de salto y la cumbre está ahí. Habrá que tomar carrera y no mirar abajo.
¿Por qué seré tan tonto? La verdad es que no pienso las cosas y luego a luego me pasa lo que me pasa. Para ser más gilipollas me falta entreno. La pared ¿qué tendrá de caída? ¿doscientos metros? Sí, más o menos, suficiente para que no la cuentes. Las lluvias de esta primavera han hecho pupa, pero es el primer trozo de sendero que me encuentro cortado. Y si salto bien y a la vuelta hay otro derrumbe y después otro, y después otro. Contando que no me magulle, salto tras salto estaré más cansado, más fatigado, me dolerán hasta el alma, me quedaré sin respiración, tosiendo y bufando, medio tirado y me quedaré en tierra de nadie.
¡Vaya! Se está cubriendo y ha asomado el primer trueno allá por el Riscal de Tendedera. Aquí se va a liar un sindiós. Como no me dé prisa no vuelvo, ni vivo ni muerto, que no vuelvo, que no. Que me quedo aquí hasta el fin de los tiempos o hasta que me encuentren los civiles, que es lo mismo. Si vuelvo en camilla, tira que te va, pero en caja de pino no quiero, que no, pero peor es ir sin honra, que Manolo ya está preparado el cabrón. Vas a salir en la tele cuando te recoja el helicóptero. Eso sí, espero que el rescate sea gratis porque como tenga que pagarlo… Bueno, si me sacan tieso, lo paga mi familia, vaya marrón, pero si me quieren, que paguen.
Es cuestión de no pensar, de no pensar en nada y hala, al lío y que sea lo que Dios quiera.
Yo aquí, y el tío este en el refugio, comiéndose los chorizos de su madre que se subió para asarlos <>. Y a la lumbre, que no escatima, que hay que decirle que te vas a asar, que te quemas los pinreles y nada, un tronco y otro y otro y otro.
Se me ha acabado la última barrita y tengo hambre. Esas cosas artificiales no valen para nada. ¡Cómo va a alimentar un trozo cereales con chocolate y naranja! ¡De qué las harán que se te pegan a los dedos y no se despegan ni tras veinte lavados. El caso es que buenas están, pero ya no quedan. Por lo menos llenaría la panza y una preocupación menos.
Debería volver que esto se está poniendo chungo.
¡Pijo, que chispea! Ya está el duro completo. Ahora sí que… Esto se pondrá como una pista patinaje o me caerá un pedrusco en toda la jeta, que queda mucha piedra ahí arriba. Me va a dejar la cara como un Cristo, ja, ja, ja…
Hay que tener valor para reírse en estas circunstancias. Humor que no falte, eso no, nunca.
Hay que echarle huevos, vaya que sí. Esto se resuelve por las bravas.
Si se me va un pie adiós. Y aquí para que te encuentren…
Con la de lobos que hay por estos andurriales. Que hay que recuperar el lobo, que se extingue. Que los traemos de Bulgaria y repoblamos esto. Y claro ahora dicen que hay tanto lobo que no tienen qué comer y se jalan hasta las ovejas, que se pasean por el pueblo como Perico por su casa. Si hasta la vieja Marina que está con la cabeza ida del todo los vio y se creía que eran los quintos disfrazados de carnaval. Pues para ovejo yo, que seguro que mis piernas les saben a gloria. ¡En qué has terminado! En plato gourmet. Falta que se aparezca el Adrià ese a servirles. ¡Putos ecologistas! ¡Madre mía!
En fin, que no hay vuelta de hoja. Que valor y al toro y que sea lo que Dios quiera. Nos vemos. ¿Qué puedes perder? No pienses, mejor no pienses, toma carrera y adiós muy buenas. Nos vemos.

 

Juan Carlos Vivó

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